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Íntimamente - Dori Siverio Fumero

Íntimamente - Dori Siverio Fumero

La viuda, con la urna entre sus brazos, miraba al mar azul que ante ella se presentaba como el símbolo de su completa libertad.

“Cuando me muera quiero que eches mis cenizas al mar” —le había dicho el execrable marido. De él sólo quedaban aquellos polvos portados en la vasija ambarina.

Unos gruesos lagrimones bajaron por sus mejillas, los asistentes se compadecieron de la solitaria enlutada, ¡ni siquiera hijos que la consolaran!


Ella repasaba los horribles días, meses y años junto al tirano; sólo así podía llorar y dejar que los demás creyesen su dolor por la pérdida.


Abrió la urna disponiéndose a consolidar su liberación.


Una ráfaga inusitada de viento arremolinó las cenizas y las trasladó hacia ella de nuevo, a su cara, a sus ojos, a su boca abierta por el desconcierto.

En el interior de ella vive ahora su fantasma; ha regresado y se ha hecho gigante, conoce sus temores, sus debilidades...

* Autora : Dori Siverio Fumero (Espuma)

Viviendo muertes - Chus Alonso Díaz-Toledo

Viviendo muertes - Chus Alonso Díaz-Toledo

Vuelvo a escuchar, cada vez más cerca, la canción que entona la muerte, y su hedor a siempre injusta muerte. De qué valen los buenos propósitos por hacer, si no hay enmienda a lo que se hizo cuando el tiempo era el de antes. Me mira desde su pálida arrogancia, y cree que la creo porque es eternamente infinita, pero reconozco la razón de su mentira real, en el vacío de la mirada que ve más allá de las cosas que se ven. Se sabe alimentada por el hambre del dinero, por la locura multicolor de la banderas que exigen sacrificios, con sangre humana, como si de diosas caprichosas se trataran. Se sabe fuerte, poderosa gracias a los poderosos que tanto miedo la tienen. Se sabe sabida de memoria por los que la imparten, y dolorosamente olvidada por los que la sufren, y viven ya en ella.
Muerte que dejó de ser vida para ser muerte, y cuando fue, fue ya para siempre, ¿por qué no te mueres de una vez?


* Autor: Chus Alonso Díaz-Toledo (Pokito)

 

 

Vagando en la noche - Diego Jerez Gónzalez

Vagando en la noche - Diego Jerez Gónzalez



Se dibujan los astros en el cielo,
y cubre como un velo el horizonte,
la noche, permitiendo que remonte
la luna su alto, helado y blanco vuelo.

Y extiende su tapiz con tanto celo,
que siento el hueso anciano de Caronte,
vibrar en muda voz. Dice – Disponte,
se acerca la barcaza de tu anhelo –.

El viento herido llora en los cipreses
oscuros, como dientes gigantescos,
que acechan con siniestros intereses.

Y lucha mi razón con los grotescos,
lamentos de los muertos, y sus mieses
de cráneos desdentados y burlescos.

 

* Autor: Diego Jerez Gónzalez (Sereno)

La alambrada - Uachipachi Jimul

La alambrada - Uachipachi Jimul


 


Grandes aspiraciones tenía en su cabeza, pero el entorno no podía dárselas, unas veces chocaban con la sequía, otras con la falta de comida, la mayoría de las veces con ambas cosas… Nadie se explicaba como había salido adelante con tan escaso alimento, pero llegó vivito y coleando hasta cumplir los 18. Y entonces, supongo, fue cuando se dio cuenta de que no podía  resistir tanta miseria, tanta desolación…, y decidió marcharse a la aventura con su amigo y compañero del alma.

Dos años fueron los que duró su viaje, conocieron el amor, la amistad, la belleza, la traición y hasta la locura. Al final llegaron a su sueño. Y todos estos pensamientos, todos estos recuerdos pasaron fulminantemente por sus cabezas mientras sus cuerpos eran atravesados por las púas de una alambrada con la que no habían contado. Los forenses no fueron capaces de adivinar su identidad, su tumba fueron los alambres; sus rezos: los llantos de sus compañeros heridos.

* Autor: Uachipachi Jimul

Predice tu muerte

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Cuando dije que Guallavito estaba de Halloween, no hablaba de broma... Haz click

Te contaré - Luis Tamargo

Te contaré - Luis Tamargo

 

 

"De tarde en tarde alguna ráfaga

hacía circular sobre el paisaje

jirones dormidos de bruma".

Knut Hamsun

 

 

    Todo comenzó como una excursión más, una de tantas de las que hicimos con el primo Ted a la Sierra de Las Calaveras. Fue el primo Ted, algunos años mayor que yo, quien me inculcó esa pasión por la montaña. Nuestro sitio preferido era aquella enorme roca que llamábamos La Silla, sobre todo porque en uno de sus lados era lisa y vertical como el respaldo de un gigantesco asiento.

    Recuerdo que en aquella ocasión nos acompañaba Julie, la novia de mi primo, con aquel mechón de pelo blanco tan característico que lucía en el flequillo y que, además de inconfundible, le daba un aspecto de montañera poco convencional. Ted había estrenado unas llamativas botas de escalador que adquirió por catálogo y, durante todo el trayecto en tren hasta La Sierra, no cesó de mostrar, alabar, ensalzar y aburrir con tanta novedosa exclusividad.

    Solíamos acampar en el claro próximo a La Silla, en un improvisado albergue semiderruído que antes debió utilizarse de cabaña para guardar ganado. Allí, al llegar la noche, el primo Ted siempre contaba historias y una en particular que repetía en cada ocasión, primero con el grupo de montañismo y después con los pocos allegados que decidimos organizarnos por cuenta aparte. Aunque ya conocíamos el desenlace de la historia escuchábamos atentos aquella parodia versionada del conocido cuento de Caperucita Roja... Cuando el primo Ted llegaba a la parte final en que la niña preguntaba a su abuela “por qué tenía la boca tan grande”, ésta le respondía que “era para contarle un cuento”. Entonces uno de los asistentes, compinchado –muy a menudo yo mismo-, le preguntaba a algún otro de entre ellos, delatando así a la víctima elegida:

 -¿Cuál quieres que te cuente...?

   Mientras el otro pensaba, estupefacto por el giro del cuento, dubitativo, el primo Ted se abalanzaba todo lo corpulento que era sobre él y descargaba un golpe tras otro, contando en voz alta de uno hasta diez, en medio de jocosas risotadas que se contagiaban con rapidez al resto del público espectador. Era su broma predilecta y hoy la recuerdo en especial porque en aquella última ocasión no pudo terminar de repetirla ya que tanto Julie como yo la conocíamos.

    Aquella mañana el primo Ted se propuso escalar La Silla por el lado cortado y nos prohibió subir con él. Recuerdo que antes dejarnos se dirigió a su novia:

 -Cuídame a ese cachorro, que no se pierda...

     Fueron las últimas palabras que le escuché. El primo Ted no bajó de aquella peña, nunca le encontraron, su cuerpo debió caer y extraviarse entre la grieta que separaba aquella lasca estrecha de la pared recta. Cuando llegaron los equipos de salvamento no hallaron rastro suyo, resultaba humanamente imposible adentrarse en la sima interior de aquella lasca inexpugnable y rugosa, armada de aristas. Lloramos mucho su pérdida.

    Van a cumplirse dos años de aquel suceso y, desde entonces, Julie ha permanecido fiel a mí, ni el primo Ted se imaginaría cuánto... Julie y yo hemos consolidado nuestra relación, eran muchos detalles comunes los que nos unían, el primo, las excursiones, la montaña, que resultaba algo de lo más lógico y natural que lo nuestro desembocara también en una ardiente pasión. Vamos a casarnos a principios del próximo año, ya hemos escogido fecha. Para entonces Julie habrá finalizado ya el curso en la universidad y será una bióloga a la búsqueda de trabajo, nos hará falta para salir adelante.

    Hoy me he acercado a la Sierra porque desde entonces no habíamos vuelto a pisar el lugar. Aproveché que Julie marchó a la capital durante toda la semana para realizar unos exámenes y, sin decirle nada, por temor a resucitar antiguas heridas, escogí pasar la noche en el refugio, a la sombra de la gran roca que tantas emociones nos proporcionó. Sin Julie en casa me sentía demasiado sólo y estando allí, con la montaña tan cerca, al menos me acompañaban los intensos recuerdos.

    La luna casi llena clareaba a través de la ventana del albergue, no podía dormir. Cambié de postura y me volteé, pues me pareció haber oído un ruido afuera. Luego, ví la sombra a través del cristal, lento, me incorporé... No podía ser cierto. Vigilé, en cuclillas, la oscilante sombra de aquel animal que se proyectaba dentro del refugio, no podía menos que inquietarme. Enseguida me apercibí de que buscaba la forma de entrar, incorporado en dos patas contra la ventana. El miedo me removió, reuní todas mis fuerzas y, sin parar a pensarlo demasiado, salí corriendo, campo a través, hacia el bosque cercano, no sin antes caer en la cuenta de que otras sombras parecían cobrar vida en la linde oscura. Corrí despavorido, con desesperación, escuchaba al enorme animal en pos de mí y miré, asustado, hacia atrás. Aquella bestia andaba sólo sobre sus dos cuartos traseros y calzaba las botas del primo Ted... La impresión fue definitiva.

    Nada más entrar en el límite del bosque, más preocupado por no chocar con las ramas altas, tropecé dos veces seguidas con las anchas raíces antes de caer con el rostro hundido de miedo entre la hojarasca. Permanecí así, inmóvil, sobrecogido, bajo las patas de la enorme fiera que me olisqueó desde la suela del calzado hasta la coronilla. Podía sentir su aliento salvaje deslizarse por el cogote. Casi muerto, con los ojos cerrados y los puños apretados, no podía dar crédito a aquella pesadilla, espantado, ya sólo esperaba en cualquier momento la dentellada fatal. Pero el gran lobo negro se hizo a un lado y, de reojo, me atreví a observar cómo las otras sombras se agrupaban en torno a él. Pude distinguir el curioso mechón cano en la frente de otra de las bestias... Al poco, en silencio, les ví marchar en fila y alejarse hasta que desaparecieron entre los árboles de la noche.

   Aún aguardé un rato interminable. Entumecido por el temor no podía moverme, pero salí arrastras del bosque. No sé cómo pude atravesar el claro y, luego, caminar en la oscuridad hasta la estación. Pero cuando llegué a la casa todavía no había recobrado el aliento ni el calor. Ya desde el pasillo observé la luz del contestador telefónico que parpadeaba... Recordé que Julie había quedado en avisar, seguro que era ella. Encendí el contestador mientras la voz de Julie inundaba de ecos las paredes de la sala...

 -Cariño, ven a buscarme al mediodía. Habrá demasiado jaleo, no entres al aeropuerto. Espérame en la parada de taxis, junto a la estación. Ya te contaré...

* Autor: Luis Tamargo

 

 

Un paseo por el vacío - Por Comella Firmet

Un paseo por el vacío - Por Comella Firmet

La puerta de casa estaba entreabierta, en un principio me pareció raro. Entonces, cuando estaba en el descansillo salió mi madre cargada con unas bolsas que dejó allí mismo para luego tirarlas al contendor de la basura. Yo no le dije nada, sólo pasé por su lado, le sonreí y acaricié sus rubios cabellos con mis dedos  … ¡Qué melena más bonita! Tenía muchas ganas de abrazarla, de darle millones de besos pero me aguanté, aún sabiendo que por mucho que ella no lo exteriorizara me echaba muchísimo de menos. Su frialdad ante la nueva situación no me impresionaba, ella era muy fuerte pero yo sabía a ciencia cierta que mi repentina marcha le había dejado un gran vacío y que no lo llevaba nada bien.

Antes de subir la escalera para llegar a mi habitación eché un vistazo a la cocina, ahí estaba mi padre, que ni se inmutó ante mi presencia. Me dirigí a mi cuarto para desvestirme y ponerme cómoda, como hacía siempre antes de comer. Aunque ahora lo veía un poco absurdo porque ya no tenía cama allí para echarme la siesta más tarde. Entonces fue cuando al abrir la puerta, una vez más, me di cuenta de la realidad dura y pura.

Ahí estaba mi habitación, totalmente cambiada. Por muchas veces que entrara no daba crédito. Todo tan distinto… La mitad de mis cosas obviamente no estaban y el resto: movidas de sitio. ¡Había pasado tan poco tiempo desde mi marcha! ¿Tanta prisa tenían en cambiarlo todo? ¿Tanto estorbaba? Cuando abrí el armario se podían ver pocos signos de lo que había sido mi gran colección de “trapitos”, no habían pistas de mi desorden pero sí un montón de cajas de zapatos de mi madre y uno o dos pantalones, también de ella. Fue entonces cuando me di cuenta realmente de todo lo que estaba sucediendo. “Los cambios son así” me dije. Lo tenía que asumir, yo ya no vivía en esa casa, eso estaba claro. Pero no podía evitar seguir yendo a comer allí al mediodía, e incluso alguna noche, no podía dejar de ver a mi madre, de subir peldaño por peldaño lo que había sido la escalera de mi casa, de observar como si fueran nuevos tantos y tantos detalles que antes me pasaban inadvertidos, de echar de menos tantas cosas a las que antes no daba valor… Tantas veces hablando de independizarme… Y ahora…

Supongo que no podía pretender que todo siguiera igual que siempre y como hasta el momento, como si de un aposento intocable se tratara. La vida sigue y mi madre pondría sus cosas allí, en lo que había sido mi espacio, al igual que mi hermano, quien aprovecharía al máximo lo que ahora era un vacío baño común. Me fui a verlo… Como si lo echara de menos también. Y allí me senté en “el trono” (como solía decir el que había sido mi último novio) y en ese santo sitio, apoltronada, y con los pantalones bajados no puede evitar que me cayera una lágrima. 

- ¡Yo ya no vivo aquí! ¡Esta ya no es mi casa! – la pena atravesó desgarradoramente mi alma para luego hacerse grito contenido. Sentía rabia, impotencia... Pero también un escalofriante alivio que no entendía… Tristeza. Me sentía tan rara… Había una parte de mí que quería volver y otra que sabía que lo que estaba viviendo era una etapa nueva y que la tenía que emprender sin miedo. ¡Valiente!

Me sequé los indicios de nostalgia con la punta de una toalla húmeda que mi hermano tenía colgada en la mampara de la ducha… Sonreí apabullada, me di cuenta de que el pobre ahora tenía muchísimo más espacio que antes para dejar sus maquinillas de afeitar y su gomina, las cuales siempre habían ocupado una milésima parte de lo que lo habían hecho todos mis productos y “potingues”.
Escarché mi pelo y respiré profundamente como si no hubiera pasado nada, bajé las mismas escaleras que había subido para luego sentarme en la cocina y comerme un plato de macarrones que mi madre nunca me puso en la mesa porque mi apetito, al igual que mi vida, se quedaron en el cruce de una carretera una fría noche de octubre, hace hoy varios meses.

* Autora : Comella Firmet


 

Trato o truco - Juan José Noche

Trato o truco -  Juan José Noche

TRATO O TRUCO

Un cuento americano

El pequeño se sentía eufórico con el correr de los días y tenía sobradas razones para estarlo. Había cumplido diez años y pronto llegaría el 31 de octubre. Una semana antes de la fecha, las empleadas de servicio comenzarían con los preparativos, haciendo dulces y calando calabazas para decorar las estancias de la casa, lo que aumentaría su excitación. Las fiestas como el Día de Acción de Gracias o la Noche de Navidad con la llegada de Santa, le encantaban , pero Halloween era su preferida y esta vez tendría un sabor especial. George, que era afecto a espiar todos los movimientos de la casa, había descubierto la sorpresa que Barbara, su madre ,y Mae la criada de toda la vida, le estaban preparando. Era lo que más deseaba en este mundo: un traje de Muerte. Sobre una tela oscura se marcaban los huesos de un esqueleto en un color blanco brillante ; una capa negra con casulla y una guadaña completaban el disfraz.

Estaba feliz, ya nunca más tendría que salir por las calles de New Haven de la mano de Mae, arrastrando a sus cuatro hermanos menores, todos disfrazados de gnomos verdes, que más que asustar causaban risa. No pocas veces había sido objeto de burlas que le hacían los niños mayores. La próxima noche del 31 de octubre, saldría solo con un grupo de compañeros de la preparatoria Philips. Tenia muy buenos motivos para que llegara ese momento, podría recorrer el pueblo a su antojo luciendo su disfraz de Muerte.

Fue creciendo y disfrutando su pequeña libertad en las noches de Halloween. Junto a sus compañeros asustaba a los niños pequeños , les arrebataba los botines de dulces y , cuando las calles quedaban desiertas, hacía sonar las campanas de las residencias, ya de madrugada, sacando a sus vecinos de la cama.

Con el paso del tiempo, quedaron atrás su infancia y adolescencia. Partió a Yale primero y luego a Harvard. Si bien nunca se destacó en nada, la riqueza y los contactos de su familia lo ayudaron a llegar hasta lo más alto del poder. Pero George conserva aún sus costumbres de la niñez. Desde el Salón Oval llama de madrugada a sus colegas de países emergentes para asustarlos y ofrecerles trato o truco. Algunos de sus allegados más íntimos aseguran que bajo su traje sigue usando el disfraz de Muerte que tanto le gustaba. Ahora asusta.

* Autor: Juan José Noche

Del manuscrito de Ariel Prezioso

Del manuscrito de Ariel Prezioso

¿A veces no te preguntas si es la muerte
un sueño de profundo olvido?
Y en ese sueño, ¿soñamos con que a la vida
volvemos? ¿O nacemos para luego morir,
y más tarde volver a nacer, en una
secuencia cíclica, como ocasos y
amaneceres? Si ésta incertidumbre
se transformara en certeza real;
si desde el fondo mismo del Universo,
donde descansan las verdades, nos
llegase la respuesta; ¿No sería lógico
preguntarse cual es su sentido?

(...)

La queimada guallavita

La queimada guallavita

Dedicado a Bolo, Rosario, Shadowfax y Arghen

*

Mouchos, coruxas, sapos e bruxas. Demos, trasnos e dianhos, espritos das nevoadas veigas.

Corvos, pintigas e meigas, feitizos das mencinheiras.
Pobres canhotas furadas, fogar dos vermes e alimanhas. Lume das Santas Companhas, mal de ollo, negros meigallos, cheiro dos mortos, tronos e raios. Oubeo do can, pregon da morte, foucinho do satiro e pe do coello. Pecadora lingua da mala muller casada cun home vello.

Averno de Satan e Belcebu, lume dos cadavres ardentes, corpos mutilados dos indecentes, peidos dos infernales cus, muxido da mar embravescida.

Barriga inutil da muller solteira, falar dos gatos que andan a xaneira, guedella porra da cabra mal parida.

Con este fol levantarei as chamas deste lume que asemella ao do inferno, e fuxiran as bruxas acabalo das sas escobas, indose bañar na praia das areas gordas. ¡Oide, oide! os ruxidos que dan as que non poden deixar de queimarse no agoardente, quedando asi purificadas.

E cando este brebaxe baixe polas nosas gorxas, quedaremos libres dos males da nosa ialma e de todo embruxamento.

Forzas do ar, terra, mar e lume, a vos fago esta chamada: si e verdade que tendes mais poder que a humana xente, eiqui e agora, facede cos espritos dos amigos que estan fora, participen con nos desta queimada.

CONJURO QUEIMADA EN CASTELLANO

¿CÓMO SE PREPARA UNA QUEIMADA?

El extraño mundo de Jack - Laura Canteros

El extraño mundo de Jack - Laura Canteros

La costumbre de ahuecar y tallar una calabaza para convertirla en un farol llamado Jack-o-lantern tiene su origen en el folklore irlandés del siglo XVIII. Según se cuenta, Jack era un notorio bebedor, jugador y holgazán que pasaba sus días tumbado bajo un roble. En una ocasión, se le apareció Satanás con intenciones de llevarlo al infierno. Jack lo desafió a trepar al roble y, cuando el diablo estuvo en la copa del árbol, talló una cruz en el tronco para impedirle descender. Entonces Jack hizo un trato con el diablo: le permitiría bajar si nunca más volvía a tentarlo con el juego o la bebida.

La historia dice que cuando Jack murió no se le permitió la entrada al cielo por sus pecados en vida, pero tampoco pudo entrar en el infierno porque había engañado al diablo. A fin de compensarlo, el diablo le entregó una brasa para iluminar su camino en la helada oscuridad por la que debería vagar hasta el día del Juicio Final. La brasa estaba colocada dentro de un nabo ahuecado para que ardiera durante mucho tiempo.

Los irlandeses solían utilizar nabos para fabricar sus "faroles de Jack", pero cuando los inmigrantes llegaron a Estados Unidos advirtieron que las calabazas eran más abundantes que los nabos. Por ese motivo, surgió la costumbre de tallar calabazas para la noche de Halloween y transformarlas en faroles introduciendo una brasa o una vela en su interior. El farol no tenía como objetivo convocar espíritus malignos sino mantenerlos alejados de las personas y sus hogares.

* Autora: Laura Canteros

Laura Canteros (lauracanteros@ciudad.com.ar) es Profesora para la Enseñanza Primaria y docente de idioma inglés; Traductora Literaria y Técnico-Científica en inglés e Intérprete Simultáneo. Es integrante de la Comisión Directiva de ALIJA (Asociación de Literatura Infantil y Juvenil de Argentina), y desde hace veinte años se dedica a la investigación independiente en el área de literatura y medios para niños y jóvenes. Realiza crítica bibliográfica para diversas publicaciones y asesoramiento editorial en temas de traducción. Ha diseñado guías para el docente con propuestas para escritura creativa y compilado tres antologías de cuentos populares de Argentina. En mayo de 2002, recibió la Primera Mención del Premio a la Traducción Científico Técnica del Cono Sur 2001-2002 otorgado por Unión Latina a la obra Alumnos con dificultades. Guía práctica para su detección e integración de Marilyn Friend y William Bursuck.

La leyenda de "la" fantasma - María del Carmen Guzmán

La leyenda de "la" fantasma - María del Carmen Guzmán

En casi todos los pueblos de Andalucía existe una leyenda: la leyenda de la fantasma, sí, la fantasma, porque al igual que La Ángela de la ciudad de Méjico, el término es femenino.

En muchos de estos pueblos se la conoce por el espanto o la canina. La historia circula no de boca en boca, porque sería antihigiénico, sino de boca en oído, y es más o menos así:

Un típico y tópico Sol de justicia había estado machacando al pueblo durante todo el día. La tarde se acercaba lenta y pesadamente con el caminar de unos bueyes cansados, y con ella se acercaban los campesinos para comer en sus casas el riquísimo puchero andaluz y refrescarse con el gazpacho, también andaluz, faltaba más. El Sol de justicia, sin hacer honor a su nombre, huyó por fin como un ladrón y la oscuridad empezó a cernirse sobre el pueblo que se puso asquerosito de lluvia de estrellas.

La noche cayó tan de repente, que se rompió las costillas sobre los bancos de la plaza, donde los viejecitos aburridos, como no podían tomar el sol, esperaban tomar la luna. Y la Luna Lunita Cascabelera apareció coqueta por el horizonte desparramando su luz con un manto tan lechoso, que las amas de casa empezaron a pensar en convertirla en queso o encalar las paredes. Gumersinda, sus rubios cabellos esparcidos sobre la almohada, roncaba apaciblemente, pues a pesar de ser una muñequita linda de cabellos de oro, de dientes de perlas y labios de rubí, roncaba, como todo el mundo. Además, como el vaina de su marido andaba de viaje vaya usted a saber con quién, disponía de toda la cama de matrimonio para espatarrarse sin que nadie la molestara, para ella solita.

Un aullido lastimero rompió el silencio de la noche en dos mitades: de una parte, los borrachos que dormían la mona y de la otra, los que se despertaron asustados. Una nube negra como la pena negra ocultó la cara rechoncha de la Luna que aprovechó la circunstancia para rascarse la calva, y entonces, la noche más tenebrosa de adueñó de las casas y de sus moradores como si fuera un antiguo cacique barrigón.

Aquella espantosa noche se llenó de todos los lugares comunes de una historia terrorífica, todos menos la tormenta: en Andalucía, en verano, hace un calor de tres mil demonios eructando a la vez. Aquella espantosa noche, repito, el miedo atenazó las gargantas y los corazones como si fuera la siniestra garra de un inspector de Hacienda, el sueño huyó de las mentes, y los niños empezaron a berrear, a pedir agua, caramelos y demás chucherías, con el inocente propósito de joder a sus papás.

Los aullidos volvieron a oírse, pero esta vez más tenebrosos, tanto, que los adolescentes, aunque aún no se estilaba,no necesitaron gomina en sus cabellos para mantenerlos tiesos durante meses. La gente se asomaba a las ventanas y balcones, todos a una, como en Fuenteovejuna, para ver quién o qué profería aquellos horripilantes, espantosos, terribles, espeluznantes alaridos de ultratumba, y es que la noche, además de todo eso, era horrísona.

Y la vieron. Era ella, la fantasma, el espanto. Allí, sobre los rojos tejados de las casas, un ser de vestiduras blancas ondeando a la brisa, se paseaba, saltaba, gesticulaba y hacía temblar
a Don Manuel Gil Fernández, el insigne Sargento de la Guardia Civil, curtido en cien batallas hasta haber conseguido una piel de cuero apergaminado.

Se cerraron todas las puertas, ventanas, cerrojos y trancas, se rezaron rosarios, se hicieron peticiones a las Ánimas del Purgatorio y hasta el Cura, Don Patricio Pérez, echó agua bendita por los cuatro puntos cardinales de su casa. Gumersinda, en cambio, como si nada, tan pancha, hecha una marmota, en el más profundo de los sueños, pues en sueños se hallaba en una gruta jugando al parchís con un guapo mozo. Por eso, nuestra protagonista no oyó el repiqueteo de unos dedos sobre el cristal de la ventana, ni vio la sombra blanca entre ésta y la Luna, que por cierto, había vuelto a salir para enterarse de todo, la muy cotilla.

La ventana se abrió de golpe y en lugar de murciélagos, un ejército de mosquitos aprovechó la coyuntura para colarse en la alcoba buscando a quien picar. Gumersinda abrió los ojos y la boca, y cuando quiso gritar, una huesuda mano fantasmal ahogó su grito.

- No chilles, gilipollas- susurró el fantasma.
- Hum huuuum- fue todo lo que pudo exclamar la muchacha.
- Pero, vamos a ver ¿Es que no me reconoces? ¿Cómo has podido dormirte si sabías que vendría por ti? ¡Ay que ver lo poco romántica eres, Gumer!
- ¡Ay, Paco, perdona! Es que tardabas tanto, que me quedé dormida.
-Vamos, Gumer ¡Date prisa! Colócate esa sábana y salgamos corriendo por los tejados, que a la salida del pueblo, junto al cementerio, tengo aparcado el coche de caballos.
- Ya voy, cariño, ya voy- respondió melosa Gumersinda mientras se colocaba la sábana por encima de la cabeza.

Y los dos adúlteros amantes, cogiditos de la mano, saltaron a la vez por la ventana mientras los mosquitos, frustrados, saciaban su sed en el pobre perro que no tenía culpa de nada.
Sólo algunos habitantes, los más valientes, se atrevieron a contemplar no uno, sino dos fantasmas saltando de tejado en tejado, compitiendo con los gatos.

Aunque esta leyenda es muy antigua y los tiempos cambian, en las calurosas noches del verano andaluz, arranca de vez en cuando una furgoneta junto a las tapias del cementerio, y una sábana blanca se enreda en las antenas de televisión provocando interferencias en las pantallas.

El médico, el boticario y el maestro lo achacan a fenómenos naturales, pero muchos saben que se trata del fantasma, la fantasma, el espanto, el alma en pena de algún descarriado… o descarriada.

* Autora: María del Carmen Guzmán (Dulcinea)

Everybody hurts

Everybody hurts

Ya que el pasado viernes compartí con vosotros “Cançao do Mar” hoy creo oportuno (y para ser justa) dejaros también el mp3 de mi otra canción favorita: "Everybody hurts" de REM, banda sonora de la película "Cuando un hombre ama a una mujer" protagonizada por Meg Ryan y Andy García.

Esta canción me hace llorar (inexplicablemente) en casi todas las ocasiones que la escucho. No lo puedo evitar... Me puede. Tiene un poder sobrenatural sobre mi desde hace años y además ahora puedo decir que ha marcado un antes y un después en mi vida ¿Casualidad? Yo creo más bien en las señales y en el destino, que como decía mi abuela “está escrito”.

Un cálido abrazo.

* "Everybody hurts" de REM Haz click

Trabajo de investigación "Canção do Mar"

Trabajo de investigación "Canção do Mar"

El post de hoy se puede considerar un trabajo de larga investigación.

Os explico: desde hace meses andaba buscando el cd de la banda sonora de la película "Las dos caras de la verdad", ya que en la BSO de esta película sale la canción más bonita que he escuchado en mi vida, siendo desde hace años y por ese motivo mi canción preferida. No había conseguido hasta hoy hacerme ni con el recopilatorio, ni con el nombre de la canción –que es un fado portugués- ni tampoco con el nombre de la cantante que lo interpretaba, por lo que andaba bastante perdida. Si hubiera al menos averiguado el nombre de la artista podría haber comprado el trabajo donde cantaba este tema… Pero ni con esas.

Y mira tu por donde… ¡Cosas de la vida! Gracias a que ayer hice algo que no suelo hacer me llevé una gran alegría. Y es que sí señores y señoras, confieso que ayer por la noche no pude evitar encender la televisión y poner la última gala de “Operación Triunfo”. Sí, ya sé que puede parecer raro que yo vea esos programas. Que le vamos a hacer, tengo golpes escondidos. Me interesé bastante en verlo porque había dentro de la academia un catalán que se llama Víctor que canta que te mueres y quería saber si acababa ganando el concurso o no. Para mi gran decepción, no ganó. Pero el poner el programa me sirvió para oír una de las tres canciones que cantó el ganador : Sergio Rivero, se trata de “Oye Mar” que resultó ser la traducción de la canción que a mi tanto me fascina. Por supuesto no se parecía en nada a la versión que me gusta a mi. Pero me sirvió para averiguar el nombre de la canción en Español.

Esta mañana he buscado en un diccionario Español-Portugués la traducción literal de las palabras “Oye” y “Mar” y luego he buscado por Google y en Yahoo para ver si encontraba la letra… Pero nada, me salían infinidad de canciones que no han resultado ser esa. Total, que siguiendo con mi búsqueda y después de bastante rato, me he dado cuenta de que la canción no se llamaba “Oye Mar” en Portugués si no “Canção do Mar” y que como suele pasar, las traducciones de nombres de canciones o de nombres de películas de lengua extranjera se ajustan en muy poco o en nada al titulo original.

Obtenido ya el nombre de la canción me he decidido a buscar toda la información posible para averiguar cual de las versiones que existían era la que a mi me gustaba. Y después de buscar y mucho buscar, en una página de mp3s he encontrado un link de un blog ¡japonés! donde aparecía – sólo lo supongo porque yo no hablo ni escribo la lengua nipona- una referencia escrita de la película “Las dos caras de la verdad” donde había milagrosamente un link con un “download” para escuchar y bajarse la canción.

Increíble… Mira que la había buscado veces…, sin éxito.

Así que ya sé que mi canción favorita se llama “Canção do Mar” y que la canta Dulce Pontes. Ya no tengo ni que comprarme el cd para que un pinchadiscos la ponga en mi boda cuando salga el pastel nupcial :-P

Uiii, lo que he dicho ;-)

Llegados a este punto como me he podido "hacer" con el mp3 para la posteridad no me queda nada más que compartir mi canción favorita con todos vosotros. ¡Qué menos después del tostón que os he pegado!

Un beso y feliz fin de semana.

ESCUCHAR "CANÇAO DO MAR" - MP3

Comella Firmet

Para un lunes con eclipse anular - José Romero Seguín

Para un lunes con eclipse anular - José Romero Seguín

"El otoño no es una contienda, pero como si lo fuese, yacen por el suelo, definitivamente desterradas del verdor de su belleza, miles de hojas.
Mariposas marrones palidecidas de levedad, que vuelan en el capricho del viento, llenando de soledad la dulce melancolía de los jardines, los desnudos espíritus de los poetas".

* Autor: José Romero Seguín (Literatura)

Sombra de una luna - Uachipachi Jimul

Sombra de una luna - Uachipachi Jimul

Harta ya del divismo de la estrella, decidió darle una vez más un pequeño susto, haciéndole una jugarreta: se hizo pasar por el personaje principal ... Sorprendiendo a propios y a extraños con su persistente y elegante bamboleo, durante un breve instante fue el centro del universo, mientras con intención le decía:
"Cualquier personaje, por muy humilde que sea, alguna vez puede hacerte sombra".

* Autor: Uachipachi Jimul

Guallavito y su minuto de silencio

Guallavito y su minuto de silencio

Dedicado a todos aquellos que han perdido la vida, dedicado a los que lo han perdido todo ...
Guallavito llora por Guatemala, Pakistán y la India ...


*

¿CUÁNTAS ESTRELLAS TIENE EL CIELO?

" La última noche que pasamos juntos,
lo preguntó:
-¿Cuántas estrellas tiene el cielo?
- Trescientas cincuenta mil.
-¿A que no?
-¿A que sí?

- Cállate. Esta noche
no quiero que preguntes esas cosas.
Esta noche, si quieres preguntar
cuántas estrellas tiene el cielo,
o cualquier otra cosa,
pregunta algo así como ¿me quieres?
¿tienes frío? ¿quién dice que tiene hambre?

Esta noche, pregunta algo que sea
contestado en el mundo sin palabras.
Interroga con toda tu sangre
algo en que toda la vida del mundo
esté preguntando,
algo así como ¿quién llora?
¿hace falta algo?

Y verás como todo hace falta
y sabrás cuántas estrellas tiene el cielo
cuando sepas que el cielo tiene una sola estrella
para cada momento,
porque con una que se pierda
dará un paso de sombra la luz del Universo. "

* Autor: Andrés Eloy Blanco

Papel en blanco - Diego Jerez González

Papel en blanco - Diego Jerez González

Si supieras, papel, de mi desprecio,

cuando en blanco, jocoso, te sublevas,

y ni en sordo clamor, mi llanto recio,

consigue que liviano te conmuevas.



Si supieras, papel, cuan alto precio

pagué por cada verso que repruebas,

del infausto dolor, cansado y necio,

que inmerso en esta tinta al dorso llevas.



Si supieras, papel, de mi cansancio,

de mis noches heladas y confusas,

de las horas pesadas que distancio,

contándole mis penas a las musas.



Si supieras, papel, ay, si supieras

del torvo caminar por mis entrañas,

de un trágico rumor de calaveras,

ahogado entre clamores de guadañas.



Si supieras, papel, ay, si supieras

del turbio amanecer para este hombre,

tan solo ante el sonido de su nombre,

tu blanca faz de luto la vistieras.


* Autor: Diego Jerez González (Sereno)

El eclipse del lunes en España ;)

El eclipse del lunes en España ;)

Desde Mataró, Comella Firmet con humor para Ediciones Guallavito.

Guallavito se siente mágico

Guallavito se siente mágico

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La bola de cristal

Piensa en un número cualquiera de dos digitos (por ejemplo... 23)

Visualiza ese número en tu cabeza.

Restale los dos digitos que forman el número para obtener un resultado. (Por ejemplo... 23-2-3 = resultado)

Piensa con MUCHA fuerza en el número resultante.

Localiza el número resultante en la barra de simbolos que hay a la derecha de la pantalla.

Señala con tu dedo el simbolo que corresponde al número resultante hasta que la imagen quede grabada en tu cabeza.

Una vez memorizado el simbolo, pulsa en la bola de cristal para ver tu predicción.

Ya me contarás Cool