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˙·٠•●♥ Ediciones Guallavito

Planeta Champú (fragmento)

Planeta Champú (fragmento)



" En mi nuevo silencio me dirijo a mi Granja de Globos Terráqueos y hago girar los planetas. Pienso en Jasmine y en Dan. Pienso en que pienso que conozco a una persona, y luego ¡puf!, me doy cuenta de que sólo conozco una versión en dibujos animados. De pronto hay una criatura de carne y hueso que me impone su presencia, y es imposible de conocer y anda tan perdida como yo, igualmente incapaz de recordar que todas las almas de este mundo sienten dolor, no sólo ellas. "

Douglas Coupland

A vista de pájaro

A vista de pájaro

http://www.yannarthusbertrand.com/yann2/affichage.php

Preciosas fotos aéreas de lugares de todo el planeta, clasificadas por países. Os gustará ;) Feliz semana.

Por Almudena Grandes

Por Almudena Grandes

"Uno de los momentos más terribles de mi vida es el día en que termino una novela"

ALMUDENA GRANDES

Versos a tres posibles musas - José Alberto de Quintana de León

Versos a tres posibles musas - José Alberto de Quintana de León

 ... A Octavia

El nuevo día viene teñido de negro
se ha diluido la luz caliente
entre la palabra y el miedo
para llover amargas cosechas
que llenen el desván de recuerdos

Abundancia de nada en la nada
que obliga a dictar silencios
bajar la mirada al suelo
caminar, caminar, caminar
y nunca llegar a nada bueno

Y a lo lejos,
la revuelta del camino viejo.

 

... A Espuma

Misterio abierto
que inunda los terrenos baldíos
de un invierno atroz
que desgarra corazones
sin sentido.

Llegas, Primavera,
con cálidos suspiros
a reavivar la llamada
de las flores y los espinos.

Y reabres la vida
y vuelve el sentido
y agudizas sentimientos
y entornas los dolores
que el invierno ha traído.

Eres llama, eres luz,
eres candor de alma.
Una mano en la maraña
que cambió por sombra
la luz del alba.

Y tus ojos me acompañan,
con su luz de cielo sin nubes,
con el calor de tu mirada,
con la sonrisa en tu boca
y ese beso que tanto tarda...


... A Comella

Ya ves,
no duele el dolor
sino las ganas
de que no duela.
No oprime la soledad
sino la compañía adversa,
la que hiere cuando ríe,
la que llora entre sonrisas,
la que muere cuando vive...

Y cierras los ojos
a la belleza,
por temor a ver desdichas
en la Luna llena.

No te atreves a mirar
a través de la niebla
de unas lágrimas trémulas
que hacen titilar estrellas,
al radiante clarear
de una Luna amiga,
que cabecea en tu almohada
cubriendo con su luz
noches eternas.

No es el dolor lo que duele
sino las ganas de que no duela.

* Autor: José Alberto de Quintana de León

 

El 2º libro de GrupoBuho ha salido hoy a la venta :)

El 2º libro de GrupoBuho ha salido hoy a la venta :)

Hoy ha salido a la venta el libro del II Certamen Literario de GrupoBuho donde me han publicado dos relatos: "El poderoso" y "Intríngulis" ambos publicados también en este blog. Si os interesa adquirir libro os detallo a continuación la dirección de la página web donde podréis comprar toda las copias que deseéis:

http://www.grupopci.org/commerce

El dedo de Dios - Dedicado a Dori Siverio

El dedo de Dios - Dedicado a Dori Siverio

 Solía escribir con su dedo grande en el aire.  El viento, celoso de su grandilocuencia y su señorío, queriendo ser más que nadie: le ha dejado sin poder señalar al cielo y se ha llevado sus más lindos e invisibles versos. " No llores, niña".  Me  susurró una voz de entre las rocas, "La ira del viento es implacable pero los sueños del dedo, inmortales".

Comella Firmet

 

 

 

De Mario Lago

De Mario Lago

"Hice un acuerdo de coexistencia
pacífica con el tiempo:
ni él me persigue, ni yo huyo de él,
un día nos encontraremos"

 

*Fotografía "Oeste" - Por Comella Firmet

Agradecimiento de Comella Firmet al Periódico Ideal de Granada

Agradecimiento de Comella Firmet al Periódico Ideal de Granada

 

empollón
Como algunos ya sabéis el pasado mes de agosto me publicaron un relato que se llama "Realidad de ficción" en el Periódico Ideal de Granada, pues mi historia fue seleccionada de entre cuatrocientas en el marco del  “IX Concurso de Relatos Breves de IDEAL”.
Para una novel como yo la sensación fue –aún sonando a tópico- : indescriptible. Llegar a tantos lectores a través de un periódico tan reconocido -para mi el más importante de Andalucía-  fue algo que no tiene precio.


De los 31 relatos seleccionados que tuvimos el privilegio de aparecer en la sección "Vivir" durante todo ese mes estival saldremos ahora –además- publicados en un libro que edita Vocento "Periódico Ideal" y el Ámbito Cultural del Corte Inglés  y que verá la luz durante este mes de noviembre. 


A medida que vaya teniendo más detalles os iré informando, por el momento sólo felicitar a los ganadores del certamen -entre los cuales se encuentra mi amigo y colaborador de esta página : Pablo De Aguilar González, mi más cálida enhorabuena para este gran escritor y mejor persona.aplauso


También quiero agradecer desde aquí el interés por mis escritos a José Vicente Pascual –a quien admiro muchísimo- y al ilustrador Mesamadero por el excelente trabajo que hizo con el dibujo que se editó con mi cuento.  Muchísimas gracias al periódico, al jurado, al secretario del mismo: Andrés Cárdenas y a su presidente: Melchor Sáiz-Pardo, director de Relaciones Institucionales de IDEAL.

soñando con los ojos abiertos - ¡Nuevo! Comella Firmet

 

¡ Comella vuelve a publicar con GrupoBuho !

¡ Comella vuelve a publicar con GrupoBuho !

Me acabo de enterar que he quedado finalista en el II Certamen Literario de GrupoBuho, todavía no se sabe quién es el ganador, pues lo dirán el próximo día 23 no se lo digas a nadie  ¡Pero igualmente es muy buena noticia! Ya que publicaré con ellos por segunda vez consecutiva y uno o varios de mis relatos verán la luz en el formato que a mi más me gusta que se lean mis letras : en el de un libro.fiesta

Un besazo.

COMELLA FIRMET

http://www.grupobuho.com

 

Bar Consuelo - Dori Siverio Fumero

Bar Consuelo - Dori Siverio Fumero

Ramón escucha atento a Juan; éste le comenta que su mujer le ha abandonado, entre hipos y sollozos, mientras apura, una tras otra, copas y copas de coñac. Al atardecer, el hombre se retira, zangoloteándose de un lado a otro. Al poco aparece Roberto, se sienta en el taburete y pide dos güisquis dobles. No tarda mucho en desahogarse y le cuenta a Ramón que Elena decidió dejarle, por un miserable vendedor de bombillas. Llora con desesperación y el otro le consuela como puede. Al fin, con una borrachera impresionante, Roberto se va pero, al mismo tiempo que él atraviesa la puerta, entra Vicente.

Vicente es un buen vecino, soltero, maduro y tranquilo. Por eso Ramón queda atónito, cuando le dice que se ha enamorado y que, Ángela, su amor, no le hace ni caso. Lloriquea, el hombretón, mientras consume tequila sin parar. Mocos y babas se esparcen por toda la barra y el cantinero limpia una y otra vez, con calma, al tiempo que reconforta a Vicente.

Cuando, a la madrugada el hombre se marcha, Ramón cierra la puerta de su negocio.

Nunca debí ponerle el nombre de mi ex novia al bar —piensa, y con un suspiro de cansancio se dispone a asear su cantina.

 

* Autora : Dori Siverio Fumero (Espuma)

 

 

Proverbio árabe

 

 
 "Un libro es como un jardín que se lleva en el bolsillo".
 
 
 
 
Fotografía de Comella Firmet - "La Alhambra" Granada

 

Lagartijo - Javier Lázaro Sanz

Lagartijo - Javier Lázaro Sanz

Mi vida no fue siempre la vida discreta de las cosas inertes. Ahora me ves aquí quieto y te acercas tranquilamente, sin miedo, como hacen todos esos turistas. Igual que ese niño que se hacía una foto conmigo y jugaba a meter su manita en mi boca, o ese gordo que ahora roza mi piel con sus sudorosas manos. Me parece lógico que me contemplen, porque soy el lagartijo más bello del mundo, pero en mis buenos tiempos me hubiera dado un banquete con todos ellos.

Fui el rey de los lagartijos. Cada noche, surgía de entre las sombras para que todos los lagartijos verdes vinieran a adorarme. Hubieran muerto antes de faltar a la cita. Mi belleza les embriagaba, y entonces ya podía hacer con ellos lo que quisiera. Les mandaba a buscarme comida. Un batallón de lagartijos fanatizados atacaba a una vaca o a un caballo, y yo me lo comía, y después me retiraba al país de los pigmentos, donde está guardado el secreto de mis escamas multicolores.
Claro, que siempre hubo algún agitador. Trataban de convencer a los demás lagartijos de que me abandonaran, que no permitieran que yo les esclavizara. Secretamente, temía que alguno de ellos tuviera el valor suficiente para abandonar su mediocridad verde grisácea, y adquirir una piel multicolor y un tamaño suficiente para plantarme cara. Eso nunca sucedió. El peligro vino de otro lugar totalmente insospechado...

Un día, Gaudí decidió expulsarme de sus sueños, y me diseñó para un jardín que estaba proyectando. Primero me dibujó en el papel, y todo a mi alrededor era blanco. Quería saltar más allá de los márgenes, que veía tan cercanos, pero de repente no podía moverme. Luego, adquirí esta nueva forma (acaso definitiva) cuando otros hombres me construyeron en piedra.
Desde entonces, estoy atrapado en este lugar, y veo cada día desfilar el mundo a mi alrededor sin poder participar en él.
Quizá algún día alguien vuelva a soñarme, y me despierte una noche de este sueño de piedra y cerámica, y salga a cazar una paloma, o quizá un turista...
Acaso tú mismo, tú que me miras y tomas apuntes en una libreta, puedas soñarme. Pareces lo bastante loco...

* Autor: Javier Lázaro Sanz (Pakito Txokolatero)

VISITA SU BLOG:     http://blogs.ya.com/pakitxokolat/

Papeles por los suelos --- Chus Alonso Díaz-Toledo

Papeles por los suelos --- Chus Alonso Díaz-Toledo

Me gustaba escuchar a los papeles que encontraba en la calle, los que nadie quiere, y tira sin importar el sitio donde caen. Todos los papeles me contaban algo, aunque mis preferidos eran los papeles disidentes, los que saltan con la ayuda del viento, desde las papeleras, al suelo. Tras tantos años de frecuentar las venas en las que se gasta la ciudad, conocí a papeles para todos los gustos, con todos los colores imaginables, y de todas las formas posibles que les permitía la física papirofléxica. A lo largo de ese tiempo escuché a los cinco continentes en pedacitos. Había conocido recados de compra, números de teléfono a los que nunca me atreví a llamar, nombres que se volvían anónimos en mis manos, y alguna que otra nota de suicidio sin la firma de la muerte. La sensación que nacía ante aquellas formas era la misma que regala el oxígeno a la sangre, o la calma que ofrece el agua a la sed de la soledad que se agrieta a solas, cuando el descanso para tanto cansancio no es otro que el de no dejar de caminar. No necesitaba leer las letras escritas para saber qué decían aquellos trozos de vida poliforme, de hecho nunca lo hice, siempre preferí escuchar el ruido que las arrugas me susurraban al estirarse la fibra entre mis manos, mientras retomaban la forma educada de ser papel. Aprendí a reconocer los acentos de los árboles en ellas, la suavidad que habla la “ce” latinoamericana, o la rubia rotundidad inamovible de la “che” anglosajona, se mezclaban con el ritmo de la “te” africana, y la perpetuidad asiática de la letra “ele”. No tuve ninguna preferencia de clase, raza, o credo, escuché con la misma atención la solemnidad de un papel con membrete, que el desconsuelo de una bolsa rota con el fondo perdido. Podía reírme con un papel secundario olvidado por el guión de la vida, y llorar hasta el agotamiento escuchando las historias de una entrada no usada de cine. Encontraba la misma buena predisposición en el ruido del papel cristiano, que en el aroma curvo que luce la media luna de Alá, entendí la calma meditada de oriente, y disfruté con las coloridas deidades africanas al danzar. No podía pedirle más a la vida, tenía a mi disposición el universo, y sólo yo lo sabía.
Me dio pena el desconocimiento que aprendían los demás, la trágica situación de aquella gente que ignoraba semejante grandeza del humanismo de a pie, y quise compartir mis conocimientos con el prójimo. Ocurrió que el prójimo andaba liado con la hipoteca de otro prójimo, que no tenía ya más vida para hipotecar, y no tuvo tiempo para prestarme atención cuando supo de mis variables intereses. Caminé por calles repletas de prójimos sin tiempo para reparar en mis sabias palabras, sordos de pies y manos, se desgastaban dentro de sus zapatos de cemento gris, y cordones de acero, para llegar siempre a ningún sitio de su agrado. Entonces me di cuenta de un detalle que me llenó de desasosiego. Vi cómo aquellas personas tiraban sus papeles, y supe porqué en ellos encontraba vida, una vida que se les caía a trozos, sin tiempo para recogerla.
* Autor: Chus Alonso Díaz-Toledo (Pokito)

Con los pies colgados en el infinito - Herminia Blanco

Con los pies colgados en el infinito - Herminia Blanco


Se vistió de sonrisa anhelada.
Se calzó de alegrías ajenas.
Cogió el bolso de los olvidos
y el abrigo de amistades lejanas.
Encaminó sus pasos a la eternidad
pero la orilla le impidió el paso.
La roca de sus sueños rotos,
echa añicos en el rompeolas,
la esperaba anhelante.
Una suave brisa acunó su pelo.
Volvió a tiempos pretéritos
y se balanceó en futuros imposibles.
Los añicos alzaron el vuelo
y en su ascensión dibujaron nuevas figuras.
Se sentó con los pies colgados en el infinito
y el infinito frenó sus pasos.
Se desprendió de sonrisas, de alegrías, de olvidos olvidados
y los añicos dorados por dorados rayos
dibujaron una diadema de esperanzas que alumbraban un nuevo camino.
Se deshizo de sí misma y se parió de nuevo.
Volvió a un hogar que la reconocía y la acogía,
su aliento le impulsó a la vida,
quizás nunca fuese feliz, pero nadie lo sabría.
* Autora: Herminia Blanco (White)
   Fotografía de Phil Free

Felicidad

Felicidad


" A pesar de sus treinta años, Berta Young tenía momentos como éste de ahora, en los que hubiera deseado correr en vez de andar; deslizarse por los suelos relucientes de su casa, marcando pasos de danza; rodar un aro; tirar alguna cosa al aire para volverla a coger, o quedarse quieta y reír... simplemente por nada.
¿Qué pude hacer uno si, aún contando treinta años, al volver la esquina de su calle le domina de repente una sensación de felicidad..., de felicidad plena..., como si de repente se hubiese tragado un trozo brillante del sol crepuscular y éste le abrasara el pecho, lanzando una lluvia de chispas por todo su cuerpo?
¿Es que no puede haber una forma de manifestarlo sin parecer “beodo o trastornado”? La civilización es una estupidez. ¿Para qué se nos ha dado un cuerpo, si hemos de mantenerlo encerrado en un estuche como si fuera algún valioso Stradivarius? "

* Autora : Katherine Mansfield

Todavía me faltan dos para entrar en el 3, pero este texto es la forma más bonita que he encontrado de compartir "mi día" con vosotros. Este fragmento de "Felicidad" por Katherine Mansfield me inspira muchísimo y describe con gran acierto como me siento. Tengo mucha suerte : Soy muy feliz y encima hoy cumplo 28. ¡Me encanta el número! Como siempre: estáis invitados a pastel. Un beso de Comella.

 

 

Se acabó lo que se daba

Se acabó lo que se daba

Bueno, finalizado el especial de Halloween más conocido en España como "Día de todos los Santos" o "La Castañada" sólo me resta obsequiaros con un powerpoint (para los que no hayáis pasado suficiente miedo) y daros las gracias por vuestras estupendísimas colaboraciones, vuestro entusiasmo para con Guallavito y sobretodo y más importante: por vuestro cariño y amistad.

Yo, como buena y aplicada cuentista, me cojo el puente con todas sus letras y agarraderos, por lo que no volveré a actualizar la página hasta el próximo 2 de noviembre, a un día vista de cumplir una castaña más y soplar velitas de colorines.

Recordar que el domingo 30 se cambia la hora y que aquí Comella Firmet os desea todo lo mejor en estos días de castañas, moniatos, panellets y moscatel.

Un fuerte abrazo para todos.

Ver FANTASMAS

Cuentos por los caminos - Soledad Felloza

Cuentos por los caminos - Soledad Felloza

 

Ayer inauguramos la temporada de senderismo, partimos hacia la Ribeira Sacra Lucense, otra forma de celebrar San Froilan. La ruta elegida fue la que une Pacio en el concello de Paradela y Loio. Por las orillas del rió comenzamos un paseo de 15 km.
El bosque estaba hermoso, lleno de verdes y dorados, pero lo mejor, fue el encuentro con las castañas. Castiñeiros, jóvenes se atrevían con centenarios y las manos no alcanzaban para guardar ese tesoro. La voz de uno de los mejores cuenteros del país se coló para regalarme una historia. “Cuidache dos ourizos” me dijo. No fuera a ser cosa que me pasara lo que le pasó a Antón de Aviles, que se quedó durmiendo la siesta debajo de un castaño y un erizo cargado de frutos maduros le dio un golpe en el ojo derecho y se lo dejó ciego.

 


El pobre hombre marchó para Coruña para comprar un ojo de vidrio, ya que no quería permanecer incompleto. En la tienda, llamo su atención uno de un raro color morado: L21 Vinca per Vinca. El óptico explicó que era el encargo de un coronel que murió en glorioso servicio y que su viuda consideró gasto superfluo el ojo nuevo para un muerto. Antón pensó que era el ojo más bonito que podía tener y se lo llevo. Quedó tan guapo con él que rápidamente notó el éxito en las mujeres, al poco tiempo estaba felizmente casado y esperando un hijo. Cada noche se quitaba el ojo para dormir y lo colocaba en el hueco del ombligo de su mujer, para que el niño heredara sus ojos, y así fue.


Tan hermoso era el efecto del raro color, que decenas de mujeres antojadizas de un heredero de ojos tan bonitos, comenzaron a pagar y a dar origen a la fortuna familiar, para dormir una noche en casa de los Aviles con el prodigioso ojo en la barriga.
A la mañana se les daba de desayunar un tazón de leche tibia con pan de maíz y el prodigio se cumplía ,los niños nacían con ojos color vinca per vinca.

* Autora : Soledad Felloza

 

Sin vida - José Medina Mesa

Sin vida - José Medina Mesa



Pero yo no quiero escribir tu nombre,
Ni lo que eres, tan segura de ti misma.
Relámpago sobre el recuerdo.
Cuando amas, con tus hombros desnudos,
Con el beso en el que te disfrazas.
Apoyada sobre la eternidad,
Bajo esas viejas vestiduras,
Lazos negros con los que nos arrebatas,
Sobre la distancia a la que representas
En nuestras perdidas batallas.

Por delante, sombra,
Por detrás carne a la que descompones,
En versos,
Sobre el agua del milagro.

Pero yo no quiero escribir tu nombre
Porque tú no puedes querernos tanto,
Ya sin vida…

* Autor: José Medina Mesa (Joseme)


Las Gárgolas - Pablo de Aguilar Gónzalez

Las Gárgolas - Pablo de Aguilar Gónzalez

Corría el año 1970 cuando Don Eladio Campillo y Rojas de Salazar, decidió volver a la que, en tiempos, fue mansión familiar. La casa se encontraba en la loma de un pequeño cerro, en las proximidades de la villa de Salazar, que una vez perteneció por completo al patrimonio de los antepasados de Don Eladio.
Había sido la familia Campillo y Rojas una familia importante en siglos pasados, con grandes extensiones de cultivo, muchas cabezas de ganado lanar y sobre todo, mano de obra casi esclava que contribuía, en grado sumo, al bienestar de la nobleza de entonces.
La mansión fue abandonada a principios de la década de los 40, cuando el padre del actual titular -don Flavio Campillo y Rojas Guzmán-, perdió a su primogénito - el pequeño Flavio-  en circunstancias que nunca fueron bien aclaradas. Hay quien dice que su hermano, Don Eladio, tuvo mucho que ver en los hechos, cosa, por otra parte, inconcebible en muchachos púberes como eran los pequeños Campillo y Rojas entonces. Fuera lo que fuese, Don Flavio decidió que su primogénito descansaría, como algunos de sus antepasados ilustres, en ala oeste de la propiedad; para, posteriormente, abandonar la villa e irse a vivir a la capital el resto de sus días en los que no volvió a pisar dicha mansión.
Muerto Don Flavio, Don Eladio decidió volver a visitar y tomar posesión de las pertenencias que, por herencia, le correspondían. Acompañado por su mujer, su único vástago varón: Flavio Campillo y Rojas De Cabrera, Flavito para casi todo el mundo,  y la niña de meses: Eladia Campillo y Rojas De Cabrera.
Cuando el Dodge Dar de don Eladio cruzó la verja que guardaba la finca centenaria de extraños y amigos de lo ajeno, Escariote, el viejo guarda, salió a recibirlos al jardín delantero. Don Eladio, al verlo, exclamó: "¡Dios mío, este hombre siempre ha sido así de viejo!" y, Flavito, se fijó en las arrugas que el hombre tenía simétricas en ambas mejillas, surcos que parecían hundirse en el fondo del los tiempos. El viejo guarda, al sentir que estaba siendo observado, giró la cabeza hacia el chaval y le dedicó una amarilla, mellada y estremecedora sonrisa.
- Veo que ha venido el señorito. Es un placer volver a tener a Don Flavio en la casa...
- Pero qué dice, buen hombre, si es la primera vez que viene...
El guarda sonrió de nuevo y se dirigió a recoger las maletas.
Flavito miraba la casa con enormes muros de piedra gris, ennegrecida por la humedad en los lugares que la hiedra dejaba al descubierto. Tenía grandes ventanales en el primer piso y unos ventanucos pequeños en el segundo. La azotea, toda rodeada por una balaustrada de la misma piedra y, en la fachada de poniente, lo que más atrajo la atención de Flavito, cuatro extrañas gárgolas en línea pero no dispuestas simétricamente. Solo se extendían desde la esquina noroeste hasta, aproximadamente, la mitad de la fachada.
El chico se quedó observando, atónito, cada una de las figuras. Eran horribles monstruos de piedra con cuerpos retorcidamente atormentados y gestos de desesperada fiereza en ellos. Pero Flavio veía algo más  en sus miradas. Todas parecían observarlo a él, como si lo estuvieran escrutando o, peor aún, intentando avisarle de algo...
La infantil imaginación del chico comenzó a oír quejidos lejanos y lastimeros, provenientes de las profundas gargantas de piedra de las monstruosas estatuas. Los quejidos subían de volumen,  pronto empezaron a ser gritos y, cuando parecía que la primera de las gárgolas empezaba a girar la cabeza y miraba a Flavio, el muchacho sintió una mano en el hombro que le hizo emitir un sonoro grito, al tiempo que saltaba horrorizado.

 

 

Al mirar a su espalda, vio a Escariote, con su mellada sonrisa, su gesto corvado y su extraño brillo en los ojos, tirar de él.
- ¿Le gustan las gárgolas, señorito?
- No, son muy feas - Acertó a contestar el chico, cuando por fin recuperó el aliento.
- No debe decir usted eso, Don Flavio.
Al chico le hacía gracia eso de que le llamaran Don Flavio, en lugar de Flavito, como toda su vida; le gustaba, le hacía sentirse importante. Así que decidió permanecer allí con el guarda un rato más.
- ¿Y por qué no debo decirlo, si en realidad lo son?
- Su padre de usted no le ha contado la historia de sus cuatro antepasados, ¿verdad?
Flavio no había oído esa historia en la vida, aunque se limitó a encoger los hombros para no parecer un ignorante. Escariote se apercibió de que el chico no sabía nada de sus familiares y comenzó a contarle:

- Verá, señorito. Estas gárgolas no siempre han estado ahí. La casa se construyó sin ninguna. Pero lo más curioso es que nunca nadie supo cómo llegó la primera de ellas. Sólo unos días antes del día de Todos los Santos, el tatarabuelo de su tatarabuelo, Don Flavio Campillo y Rojas de Medina, la vio posada donde usted la ve. Don Flavio pensó que habría sido cosa de alguno de los albañiles que entonces hacían reparaciones por la casa y preguntó a todos ellos. Uno por uno,  fueron negando haber puesto la figura en la esquina noroeste. Preguntó entonces a los jardineros, y la respuesta fue la misma. Y, por fin, reunió a todo el personal que tenía a su servicio, que por entonces era muchísimo y obligó a que saliera el responsable de que la figura estuviera en la azotea. Nadie confesó haber sido el que la había puesto y Don Flavio, enfadado no tanto por la aparición del monstruo de piedra, como por el hecho de no poder controlar a su servidumbre, obligó a escoger a diez de ellos al azar, sin distinguir entre hombres, mujeres o niños, y dar diez latigazos a cada uno cuando se hiciera la noche. La noche de Todos los Santos.

Cuando se acercaba la oscuridad, los sirvientes estaban preparados para el castigo y todos buscaban a Don Flavio para que presenciara el cumplimiento de su sentencia. Pero no pudieron encontrarlo. Buscaron por aquí y por allá, por el bosque, por el río, por las cuadras y por la casa y, sólo cuando llegó el Alba, un jardinero vio un pequeño charco encarnado y viscoso junto a la fachada. Miró hacia arriba y vio que  la gárgola parecía escupir pequeñas gotitas del líquido rojo. Cuando dio la alarma y subieron a la azotea, Don Flavio yacía allí, junto a la  estatua, degollado y desangrado.
Nadie averiguó nunca lo que pudo pasar aquel día, todos los que iban a ser azotados y los familiares de éstos fueron puestos bajo sospecha, pero ninguno confesó, a pesar de las torturas, que supieran algo acerca de lo acontecido.
La viuda, tras dos días encerrada en sus aposentos, salió una mañana y decidió que su marido, que todavía estaba de cuerpo presente, fuera enterrado allí donde su sangre había indicado, y así fue que lo sepultaron bajo la primera de las gárgolas, en esa tumba que ves ahí.-

Flavio había escuchado la historia con admiración y entonces se fijó en las tumbas que antes le habían pasado desapercibidas, una bajo cada gárgola. Aún sin atreverse demasiado, no pudo evitar el preguntar por las otras tres.
- La segunda -, contestó Escariote con una mellada sonrisa de evidente satisfacción - es la tumba del abuelo de su tatarabuelo: Don Flavio Campillo y Rojas de Espinosa.
- ¿También apareció sola la estatua? - Preguntó el muchacho, ensimismado
- Lo hizo, señorito, lo hizo... O, al menos, nadie confesó nunca haberla puesto ni haber sabido quién pudo ponerla. -
Flavio comenzó a sentir algo de frío por el cuerpo, pero no sabía muy bien si los temblores eran debidos a la temperatura o a lo que podía imaginar que hubiera pasado con la segunda gárgola. Al fin, se atrevió a inquirir de nuevo:
- ¿Y murió desangrado en la azotea?
- No señorito -, contestó Escariote - A su antepasado lo encontraron un día tres de Noviembre en la dehesa donde iba a cazar patos, con un tiro en el pecho. Se sospechó que algún furtivo, al sentirse descubierto, le disparó y huyó. Fue voluntad de Don Eladio, padre de Don Flavio e hijo del otro Don Flavio, el que murió en la azotea, que enterraran su cuerpo bajo la segunda gárgola, emulando así a su difunta madre.
- ¿Y los demás?
- Los otros dos murieron todos en extrañas circunstancias. Y siempre apareció una gárgola en la fachada. Nadie sabe ya si las últimas gárgolas fueron puestas antes o después del fallecimiento, a modo de tradición. Usted me entiende, señorito....
- ¿Que historias le estás contando al chico? - Oyeron por detrás a Don Eladio, que se acercaba desde la fachada principal. - Haz el favor de no meterle cuentos en la cabeza, Escariote -
- Sólo cuento lo que él me preguntó, Don Eladio - Dijo Escariote, encorvándose más si cabe, en gesto de humillación y con semblante de fastidio en la cara.
Don Eladio se llevó a su hijo dentro de la casa. Éste no podía olvidar la historia de las gárgolas que el viejo guarda le había contado. Durante la cena, quiso preguntar a su padre por la muerte del tío para el que habían traído unas flores como conmemoración del día de Todos los Santos. Pero su padre se limitó a achacar lo sucedido a la mala suerte y a explicar que fue enterrado en la fachada de poniente debido a la ya centenaria tradición familiar.
- Pero... ¿Por qué nadie sabe cómo aparecen las gárgolas?
- Hijo, no sé qué historias te ha contado ese viejo ignorante, pero las gárgolas las pondrían después de hacer las sepulturas.
Al día siguiente sería por fin el día uno de noviembre, harían la ofrenda a su tío fallecido y pronto volverían a casa. Flavio decidió volver a pasear por el jardín; en el fondo, esperaba ver al enigmático guarda mellado, para escuchar alguna de sus disparatadas historias. Lo buscó por aquí y por allí sin éxito. Y, al llegar a la fachada de poniente, algo extraño le hizo olvidar la búsqueda de Escariote. Había algo distinto a unas horas anteriores. No sabía percibir qué podía ser hasta que miró a lo alto y se dio cuenta. ¡Había cinco gárgolas! Flavio hubiera jurado que esta mañana había cuatro. Las contó una y otra vez, luego contó las tumbas y.... efectivamente. Sólo había cuatro sepulturas.
El niño, se dio cuenta de que algo iba a pasar. Había aparecido una nueva estatua, no importaba demasiado si alguien se había encargado de ponerla o si vino sola. El caso era que algo malo sucedería,  y tenía que avisar a su familia cuanto antes. Corrió todo lo rápido que podía hacia la fachada principal, las piernas casi ni rozaban el suelo, el aliento apenas le llegaba a los pulmones y, mientras corría, gritaba:
- ¡Papá, papá, tenemos que irnos, papá!
Nadie parecía oírle. Cuando por fin vio la puerta de la casa, aceleró un poco más, pero tropezó con una raíz que, incomprensiblemente, había crecido fuera de la tierra en la explanada principal. Flavio rodó por el suelo, golpeándose rodillas y brazos, pero volvió a levantarse, sangrando por ambas piernas, en búsqueda de su padre.
Cuando por fin llegó a la primera planta, encontró a Don Eladio, admirando la antigua colección de armas de fuego que su familia había conseguido con el pasar de los tiempos. El padre miró al muchacho y preguntó:
- Pero ¿Qué te ha pasado?
- Papá, tenemos que irnos antes de que pase algo, tenemos que irnos, papá, por favor
- ¿Pero qué dices, Flavio? ¿Te ha vuelto a meter pájaros en la cabeza ese viejo? ¡Juro que se va a la calle! No me importa el tiempo que lleve con nosotros, se va como siga así.
- ¡Hay cinco gárgolas! ¡Tenemos que irnos!
Don Eladio, con un mosquetón de principios de siglo en sus brazos, dedicó una condescendiente sonrisa a su hijo y siguió limpiando y manipulando cuidadosa y amorosamente  el arma, al tiempo que, con voz calmada,  le explicaba:
- Hijo, eso son tonterías. No debes creer lo que te cuenta ese loco. Anda, cálmate. ¿Quieres que te enseñe las armas de la familia? ¡Un día serán tuyas! Mira, este fue el primer revolver que vino a esta comarca. Todavía está como si lo hubiéramos comprado ayer. ¡Es una maravilla!
Flavio empezaba a tranquilizarse al ver la calma de su padre y decidió acompañarlo durante un rato, contemplando el arsenal familiar. Cuando ya llevaban un rato padre e hijo, charlando sobre armas, Flavio comenzó a perder interés y decidió dejar a su padre a solas e ir a buscar a su madre, que debía estar con su hermana pequeña. Don Eladio, cuando el chico se iba a alejar, le sonrió, le acarició el pelo y le preguntó: - ¿Más tranquilo?
- Sí -, contestó él, devolviendo la sonrisa y alejándose hacia la escalera del recibidor.
Don Eladio, se quedó allí, con una pistola semiautomática de la segunda guerra mundial entre las manos que, según documentos que guardaba en la caja fuerte, había pertenecido al mismísimo Rudolf Hess. El fuego encendido, la copa de brandy sobre la mesa de estudio y el humo de un puro habano revoloteando remolón hacia el alto techo  de la estancia...
De pronto, un grito y un golpe seco lo sacó de su ensimismamiento. Luego otro grito mucho más intenso. Soltó la pistola y salió corriendo al distribuidor. Cuando miró la escena desde lo alto de la escalera, no lo pudo creer. En la planta baja, su mujer gritaba desesperada, inclinada sobre el cuerpo inerte de su hijo. Escariote acababa de entrar por la puerta, alarmado por los gritos y miraba hacia arriba con ojos serios y brillantes. Eladio supo en ese momento lo que había pasado. La postura no dejaba lugar a dudas. El pecho del pequeño Flavio se acostaba contra el suelo, la cabeza del revés y los ojos, completamente abiertos, clavaban su mirada en lo alto del pasamanos, como todavía sorprendido por no haberse podido sujetar.
Dos días después, cuando Don Eladio volvió a salir del estudio donde guardaba el arsenal, sin haberse afeitado ni aseado durante ese tiempo y apestando a brandy, ordenó que su hijo descansara junto a la fachada de poniente, al lado de su familia. Ordenó así mismo a Escariote que hiciera poner una gárgola en la azotea, justo encima de la sepultura de su hijo. Éste respondió:
- No hace falta, señor... ya...
- ¡No me discutas, viejo y haz lo que te digo! - Gritó el padre. Escariote se encorvó servilmente y se retiró. Nunca volvió a ver a  Don Eladio Campillo y Rojas de Salazar ni a Doña Gabriela de Cabrera. Desaparecieron de aquella casa para no volver jamás.
......
Treinta de Octubre de 2005... Eladia Campillo y Rojas de Cabrera, funcionaria del ministerio de hacienda, madre soltera y doña Belén García, divorciada y con dos hijos, deciden pasar el puente del uno de noviembre en una vieja casa que, la primera, heredó el año pasado, al morir su madre. Una vez que traspasaron la vieja verja, ya casi derruida, vieron aparecer la casa, imponente, tras la maleza. Habían llamado para que alguien se encargara de poner en orden unas habitaciones. Un viejo encorvado salió a recibirles y, con una sonrisa mellada, dijo a los recién llegados. Me alegro de verles por aquí y de tener de nuevo a Don Flavio en la casa.... Eladia, que se dio cuenta de que se refería a su hijo, lo cogió por el hombro y dijo. Se equivoca, abuelo, se llama Javier. El viejo, volvió a mostrar los pocos dientes que le quedaban, murmuró entre dientes: "Es un Flavio, lo dicen sus ojos, no se puede negar...", se dio media vuelta y desapareció por el jardín. Los recién llegados se quedaron observando cómo se alejaba y cuando, el viejo alcanzaba la fachada oeste, Javier, entusiasmado, gritó a su madre:
- ¡Mira mamá! ¡Hay seis dragones colgados de la fachada!...

 

* Autor: Pablo de Aguilar González (Pablo A)

 

La muerte de la poesía - Bob Holman

La muerte de la poesía - Bob Holman

Estabas invitado
Te quedaste dormido de nuevo
Cuál es tu excusa esta vez
Perdiste el bote/voto/mote/ 
pote/tope/tipo/topo
Perdiste el topo

El libro fue impreso
Todas las palabras estaban juntas
Las páginas en blanco con tinta
Así es que los faux pas usaban invisible cinta

Fue por chiripa que estuvieras dentro del ataúd cuando se lo echaron al
hombro
¿No fue un cortejo realmente agradable?
Finalmente tú estás en el interior ¡In! ... interior
Corriente de resaca realmente agradable

Oh, oh, la muerte de la poesía
Misericordiosamente rápida
Sólo duró un milenio o dos
El arte del pasado

No ma po
Volvamos al asunto
Pos no show
Jo jo ....¡Buena escapada!

El panorama era oscuro/seguro/puro/muro/anuro/duro
El panorama era duro
El tiempo transcurría lenta mente
El día estaba calmado y brumoso,
Frío y balsámico, abril es el más cruel... eh, el más frío

Los perversos salían a perversear
Lanzando misiles de encomio a las calles
Las palabras con valor de ritmo opuesto
Los bateristas con pies melodizantes

Las máquinas de escribir en desfile
Walt y Emily revolcándose en la tumba
Nada se salvó para salvar
La Muerte de la Poesía

Fue una cosa computacional
Una cosa neutra
Beligerante cabeza de chorlito
Arte malcriado dientes despedazados
Palabra carne boquilla de batería
Parranda de metáfora azul
Beso picante de pérfida ave silvestre

Lo que a la vida la muerte es
La Muerte de la Poesía

Autor : Bob Holman

* * *

Bob Holman dirigió las sesiones de lectura de poesía del Proyecto de Poesía San Marcos desde 1977 a 1984, actualmente es co-director y anfitrión slam del Café de Poetas de Nueva York. Además de ser productor de Words in Your Face de la estación de televisión PBS, que ganó el Premio Internacional de Televisión Pública en 1992, Holman ha producido más de cincuenta spots de poesía para WNYC-TV y obtuvo tres Emmys y un Bessie en Excelencia de Actuación. Actualmente produce una serie de cinco partes, The United States of Poetry para la estación PBS. Bob Holman ha aparecido en Nightline, Charlie Rose, Good Morning America y MTV. Es co-editor de Aloud: Voices from the Nuyorican Poets Cafe (publicado por la editorial Henry Holt en 1994), ganador del premio American Book Award y seleccionado como uno de los veinticinco Libros para Recordar de 1994 por la Biblioteca Pública de Nueva York.