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Colaboradores y amigos

Cascabelera - José Luis Palomera

Cascabelera - José Luis Palomera A la luna me llevan mis ilusiones

cuando esté habitada por corazones.

Corazones humanos con sed de aventuras

que un día no lejano poblarán la Luna.

¿Quién será la luna que adormezca el río

cuando tu senda esté sembrada en trigo?.

Como te aúlla el lobo y te venera,

como yo te quiero cascabelera.

Cuando en tu casa esté -si me existe vida-

perderé tu brillo hechicera mía.

Guardaré tu imagen reina de la noche

abriré ventanas para ver tu broche.

Miraré a tu hermana -que veré en luz-

a la hermosa rosa mi Planeta Azul.

Marchita de ocasos que impregnan tinieblas

que ciegan el odio y saturan guerras.

Yo quisiera ver desde tu alcoba

a mi Tierra bella preñada en olas,

a los océanos en amigo beso.

Besarse todas las razas. ¿Es posible eso?.

Y que se disipe todo el cruel veneno

que los hombres tienen hecho en el infierno.

Cascabelera, Luna, mi imaginación

hoy me lleva a ser de tu amor canción.

* Autor : José Luis Palomera

Rutina - Gonzalo López Cerrolaza

Rutina - Gonzalo López Cerrolaza Me senté, le pedí una coca-cola y me la sirvió en vaso de tubo, con dos hielos y una rodaja de limón. Encendí un cigarrillo y comencé a beber. Ella, la camarera, dijo que tenía que cerrar y echó a todo el mundo del bar, excepto a mí. Hizo que no me levantase del taburete con una suave caricia de sus dedos en mi brazo y una mirada llena de ternura y misterio.

Apagó la música, cerró la puerta del bar después de bajar la persiana de metal. Se volvió hacia mí, caminó lentamente, dejándome apreciar su bello cuerpo a cada paso que daba. Me quitó el cigarro de entre los dedos, le dio una calada, soltó el humo hacia arriba demostrando seguridad en sí misma y lo apagó en un cenicero. Agarró mis manos y me llevó hacia ella haciendo que me levantase. Rodeó mi cintura con sus brazos y me besó sin apartar su mirada de mis ojos. Entonces dio un paso atrás, desató su delantal, desabrochó su falda y dejó que cayese por sus preciosas piernas hasta el suelo. ¿Para qué contaros lo que ya sabéis que pasó después?... Más besos, caricias, sudor… miel.

Luego fumamos un cigarro y le pregunté su nombre. Levantó sus cejas con una sonrisa pícara y se puso en pie, se vistió, me dio mi ropa. “Debemos irnos ya”. Subió la persiana, salimos del bar, volvió a cerrar la persiana. Acarició mi mejilla con una mano, rozó mis labios con los dedos de la otra y llamó un taxi. Fui los días siguientes a ese bar a ver si estaba allí. Me pedía una coca-cola y encendía un cigarrillo sentado siempre en el mismo taburete. Pero no era ella la camarera que me atendía, no refrescaba igual la coca-cola ni tampoco mi tabaco olía del mismo modo.

Pasó el tiempo y cambié de ciudad por motivos de trabajo. Un día cualquiera entré en un bar, pedí una coca-cola a una camarera que estaba de espaldas. “Tengo que cerrar ya”, dijo, y echó a la gente que allí estaba, a todos excepto a mí. Hizo que no me levantase del taburete con una suave caricia de sus dedos en mi brazo y una mirada llena de ternura, misterio y pasado.

Todavía hoy sigo yendo a bares a sentarme en un taburete, beber una coca-cola y fumar un cigarro. Sin embargo, nunca más he vuelto a verla. Supongo que los buenos momentos no suelen repetirse más de dos veces en esta vida para no caer en la rutina.

* Autor : Gonzalo López Cerrolaza
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La lata de sardinas - Jesús Valle

La lata de sardinas - Jesús Valle Llegó a casa empolvado de cansancio; abatido por la crudeza de los silencios, de las ausencias. Era la hora de comer y apenas tenía hambre. Abrió la nevera. Tan sólo un puré de zanahorias y una lasaña agónica. Se decidió por una lata de sardinas en escabeche. Tiró de la anilla mientras intentó no pensar en nada.
Apenas notó el dolor. Fue más estúpido el sentimiento de fragilidad que le sobrevino perverso sobre su ánimo. Su dedo meñique pendía sanguinolento de un hilo muscular. La sangre se esparció grotesca por los azulejos blancos de la cocina. Volvió a tirar de la anilla cruel. Esta vez, con mayor energía.

Las sardinas se mostraron divertidas y sonrientes. No tuvo tiempo para reaccionar. Una de ellas saltó vigorosamente hambrienta sobre su yugular, comiéndole violentamente su vida vacía. El ojo izquierdo fue una férvida delicatessen para la segunda sardina. Hubiese querido llorar pero el fuego de su dolor, taponaba cualquier exceso lacrimal. Si hubiese tenido tiempo, habría gritado todos sus sueños perdidos y acariciar una mano ardiente que sofocase su dolor.
Se sentó en una silla derrotado. Mantenía la lata de sardinas sobre la palma temblorosa de su mano derecha. Rió desencajado cuando vio a la tercera sardina adentrarse lujuriosamente sobre la cavidad de su corazón. Y continuó riendo al notar que aquella sardina comía descorazonadamente su carcomido y afligido corazón. El río de sangre crecía sobre las baldosas formando mareas incontenibles.

La sardina posada sobre su yugular emitía sonidos divertidos mientras aceleraba sus viciosos bocados a través de la materia de su cuello. El banquete engordaba sus cuerpos. A través de la cuenca de su ojo devorado la segunda sardina alcanzó su cerebro cuajado. Pudo notar entonces la comida de sesos por parte de aquel impúdico ser. No pudo soportarlo más. Cogió la tapa denticular de la lata y la hincó con todas sus fuerzas sobre la muñeca de su brazo izquierdo. Sintió un ligero desmayo. Vomitó más sangre provocando licenciosos océanos de líquido viscoso sobre el suelo. Sus pies ya flotaban en pequeños remolinos de sangre. Y observó la desconexión total de su cerebro. Sus recuerdos se amontonaron en un amasijo sanguinolento demasiado oloroso para poder soportarlo. Aquella sardina colérica devoraba sesos, células, nervios, con una rapidez y devoción sobrenatural.

Cayó abatido sobre las baldosas recubiertas por su sangre. Su cuerpo quedó hundido bajo el manto líquido. Intentó respirar ahogándose en su propia vida.

Las tres sardinas en escabeche navegaban divertidas y eufóricas sobre el mar rojizo. Habían engordado de forma considerable.

* Autor : Jesús Valle (Jaheim)

Decálogo del perfecto blogger contemporáneo - Juan Terranova

Decálogo del perfecto blogger contemporáneo - Juan Terranova La verdad es que no sé si estoy autorizado para hacerlo o si soy el indicado. Pero, al mismo tiempo, como todavía a nadie se le ocurrió (creo) un decálogo, aquí va. Por supuesto, se puede corregir, se puede mejorar y se puede reproducir. No hay necesidad de citar la fuente, ni el autor. Pero si alguna vez entran en una librería, por favor, compren uno de mis libros o hablen, por lo menos, bien de mí con el librero de turno. (Menos que eso no puedo pedir.)

1. Escribir todos los días. La continuidad es la clave. Si no se renueva, los lectores lo dejan.
2. No ser excesivamente pulcro con la norma lingüística. Las faltas de ortografía, la desprolijidad sintáctica y esas cosas no le cuestan la vida a nadie. Se entiende que el blog es algo vivo, en constante movimiento, y que las palabras sin acento o mal tipeadas son las marcas de esa vida.
3. Ser sintético. Ni breve ni extenso, sino sintético. (Los lectores de blogs siempre están apurados, aunque más no sea para ir a leer otros blogs.)
4. Segmentar el texto en pequeñas unidades autónomas y dinámicas, como hacen los diarios. Ayuda mucho a la lectura.
5. No pensar antes de escribir. Pensar apenas el tema y largarse a escribir. Si uno piensa mucho, no escribe nada.
6. Respetar cierto margen de calidad. Evitar los cuentos breves con remates inteligentes (casi siempre son tontos), evitar la indignación barata ("No me dejaron fumar en la sala de espera del dentista", etc), evitar la anécdota intrascendente (ponerla si se la escribe de forma bella).
7. Crear un estilo que aspire a propio, por ejemplo, en los títulos o en la temática.
8. Evitar la genialidad. Nunca se la consigue si se la busca. Y cuando se la consigue, dura lo que un pedo en una jaula.
9. No desesperarse si no hay comentarios (los lectores están ahí, silenciosos) y tratar de no tomarse en serio los comentarios que dejen, sobre todo si son críticas.
10. Contar la propia vida y la de los amigos. Casi siempre es ahí donde están las historias que valen la pena.

* Autor : Juan Terranova

Bestia amada - Dori Siverio Fumero

Bestia amada -  Dori Siverio Fumero La lluvia caía a raudales; por los cristales de mi ventana el agua descendía abundante y de improviso se manifestó.
Era el Hombre de Agua; se formaba y deformaba a voluntad y ahora aparecía cómo una bestia gigantesca con forma humana toda de agua y al instante se disolvía y era tan sólo catarata en los cristales.
Después de eso ha permanecido conmigo y cada día puedo percibirle. Cuándo me baño, él recorre mi cuerpo con miles de dedos invisibles y líquidos.
En mi bañera paso las horas sumida en un profundo éxtasis mientras él me envuelve con su cuerpo amorfo y fluido. Sus caricias son tenues y delicadas, como las del amante perfecto.

* Autora : Dori Siverio Fumero

Palabras mojadas - José Luís Martín Ovejero

Palabras mojadas - José Luís Martín Ovejero Cierro los ojos, y te imagino en la punta de un rompeolas, al mismo borde del mar, leyendo la poesía que hace sólo unos minutos terminaste de escribir, la que has dedicado a ese océano que tanto amas, apaciguando con tus palabras las olas, que quedan paradas y mudas para escucharte.

De repente, concluyes tus versos, y una cálida ola transparente empapa tu cuerpo, sí, te deja completamente mojada, pero esa es la forma de besar que tiene el mar.

Y al volver la ola a su origen, sabes que ya no eres la misma, y te das cuenta, que no tienes la hoja de papel donde tu bella poesía estaba escrita. El mar se la llevó de tus manos, supo al escucharte, que necesitaría leerla cada vez que se sintiera embravecido, pues se ha dado cuenta que tus versos le hacen sentir tranquilo, y lo más importante ... le han enseñado a amar.

* Autor : José Luís Martín Ovejero
oveove@terra.es (Elixir)

De palabras y viento - Juan José Noche

De palabras y viento - Juan José Noche De niño me decían
que las palabras
se las lleva el viento.

Al paso de la vida
las fui dejando todas.

Las malgasté en pretextos,
y excusas sin razón,
llenando el vacío,
cubriendo la ausencia
que deja el sentimiento,
negando lo innegable,
dando explicaciones
para justificar lo incierto,
mintiendo despedidas.

Con el tiempo
llegó la soledad
y de su mano el silencio.

Hoy espero como un niño
que el viento me devuelva
las palabras.

* Autor : Juan José Noche.

El último viaje - Pili Sanz

El último viaje - Pili Sanz Era de madrugada cuando sonó el teléfono, sobresaltada....respondió a la llamada, permaneció inmóvil mientras escuchaba y sin decir palabra colgó.

Sacó una maleta, metió cuatro cosas sin pararse a mirar demasiado, se dio una ducha rápida y se vistió. En menos de media hora ya se había puesto en camino.

Mientras iba conduciendo veía pasar los postes kilométricos, parecían siempre los mismos. Estaba tan lejos, pensó y se dijo a si misma: "espero llegar a tiempo".

El camino se hacía interminable y en su mente se agolpaban miles de imágenes y recuerdos. Ella era la pequeña de la familia, había llegado al mundo cuando nadie la esperaba y sin que nadie le hubiera invitado, pero había sido la alegría de todos y siempre había sido "la niña", no importaba que estuviera casada, fuese madre y tuviera 35 años....siempre fue y sería "la niña".

Recordó la primera vez que fueron a pescar juntos...y una dulce sonrisa asomó a sus labios. Él, tuvo que colocarle el cebo en su pequeña caña porque a ella le daba pena pinchar al gusano. Apenas debía de tener 6 años y aquella fue la primera de otras muchas veces que fueron juntos a pescar.

Recordó también cuando andaba por la casa aporreando la guitarra y cantando....destrozando los tímpanos a los vecinos y acabando con la paciencia de sus pobres hermanos. O tantas y tantas otras muchas cosas que habían hecho juntos. A pesar de sus diferencias siempre se habían respetado y querido mutuamente.

Aún era de noche aunque algún pequeño rayo de sol asomaba tímidamente por el horizonte. Miró el reloj, llevaba tres horas conduciendo, en su ansía por llegar no quería parar, pero estaba cansada y necesitaba estirar las piernas. Así que en la siguiente área de servicio hizo una breve parada y tras diez minutos reanudó su camino, aún le quedaban tres horas para llegar.

Mientras observaba los limpiaparabrisas y las gotas de lluvia que resbalaban por el cristal, siguió recordando: Los duros momentos que pasaron cuando murió su madre, las discusiones por la hora de llegar a casa o lo orgullosa que iba agarrada de su brazo el día de su boda.

Era ya casi de día cuando llegó a la ciudad, se desvió de la autopista y tras comprobar que el tráfico seguía siendo infernal a esas horas de la mañana, llegó al hospital. Dejó el coche en un aparcamiento cercano y mientras caminaba hacía la puerta intentaba reunir la fuerza y el valor necesarios para superar su fobia a los hospitales y poder atravesarla.

Subió a la sexta planta y al salir del ascensor se encontró con algunos familiares, cruzaron cuatro palabras y caminó hacia la habitación. Tragó saliva en un acto desesperado de intentar cambiar la realidad....pero la realidad era esa.

La realidad era que ese hombre al que ella adoraba y quería con locura, estaba en la cama, entre tubos, agujas, mascarillas y apenas debía de pesar 30 kilos. Le costaba mirarle y poder contener las lagrimas y el sentimiento de rabia e impotencia que le recorría todo el cuerpo en esos momentos. Pero tenía que ser fuerte y como siempre, en la mayoría de las circunstancias que habían rodeado su vida,........lo fue.

Se sentó al lado de su cama y le cogió la mano, le habló suavemente al oído: Papá......soy yo, tu "niña".....ya estoy aquí. Por un breve instante abrió los ojos, la miró y apretó su mano fuertemente, no habló....pero ella sintió que él sabía que estaba allí, ella había llegado......era lo único que él estaba esperando.

Durante los dos siguientes días y sus correspondientes noches, ella siguió allí....sujetando su mano, a pesar de que sus hermanos habían intentado convencerla de que la espera podía ser larga y debía dosificar sus fuerzas......que se marchará a comer algo, dormir y asearse, ella no consintió moverse de su lado, no podía dejarle...él la necesitaba para hacer ese último viaje.....no quería dejarle solo.

Cuando el sueño y el cansancio parecían vencerla, cogía su discman y escuchaba un CD de Roger Waters que una persona muy especial para ella le había prestado y así se mantenía despierta.

Al amanecer del tercer día nada más despuntar el alba, tras haber estado luchando entre la vida y la muerte......se dejo ir y su lucha terminó. Algo de ella se marchó con él también......su vida ya no sería lo mismo sin él. Había estado tantas horas conteniendo las lágrimas para que él no la viera llorar que ahora que su corazón estaba sangrando y necesitaba llorar y gritar para apaciguar ese dolor que le rasgaba, no podía hacerlo.

Como un alma que lleva el diablo, se marchó a comer algo, ducharse y cambiarse de ropa. Al cabo de un par de horas, cogió su coche y se marcho al velatorio. Cuando llegó, había mucha gente, familiares y amigos que la besaban y abrazaban intentando compartir su dolor. Pero ella no estaba allí.........estaba en algún lugar más allá, donde nadie podía acompañarla. Les veía mover los labios pero no les oía.....era como si fuera espectadora de una película a la que le hubieran quitado el sonido. No podía soportarlo, tenía que salir de allí.....las fuerzas ya apenas la mantenían en pie. Se zafó de la gente como pudo y se sentó en una sala apartada del bullicio. El cansancio la venció y se quedó dormida.

Mientras dormía tuvo un sueño o más bien un recuerdo de cuando era niña. Ella tenía el pelo muy largo y su madre siempre la peinaba con trenzas que a él le encantaban. Una vez vino su tía a visitarles y la llevó con ella a la peluquería. Sin consultar con nadie le dijo al peluquero que le cortará el pelo aun sabiendo que a él no le gustaría........que así fue. Al menos tuvo el detalle de llevar las trenzas a casa para que las tuviera de recuerdo. Ella estaba muy enfadada porque no le gustaba el corte de pelo y él bromeaba con ella y le decía: "No te preocupes Pepito que ya te crecerá otra vez el pelo". Pero siempre guardó las trenzas. Cuando ella le preguntaba: Papá ¿ para que quieres mis trenzas?. Él siempre le respondía: Me acompañarán en mi último viaje.......así siempre te tendré conmigo.

De repente se despertó sobresaltada, por un instante no sabía dónde estaba y pensaba que todo había sido un mal sueño pero tras una breve ojeada a su alrededor se dio cuenta de donde estaba. Una pregunta hacía eco en su mente: ¿Dónde estarán las trenzas?. Durante años las había visto por la casa cada vez que su madre ordenaba el armario, pero desde que se casó no las había vuelto a ver. Lo más probable es que alguien las hubiera tirado cuando hicieron la mudanza, pensando que demonios sería eso. Pensó por un instante......salió de allí y llegó hasta una floristería. Entró y le pidió al dependiente una rosa roja y unas tijeras.

El dependiente algo extrañado accedió a su petición y ante el asombro del mismo cogió un gran mechón de su largo y rizado cabello y se lo cortó. Cogió la rosa y lo trenzó junto con el tallo. Pagó al dependiente y se marchó.

Estuvo paseando hasta que perdió la noción del tiempo intentando sacar toda la rabia y el dolor que tenía dentro, pero las lágrimas no salían de sus ojos.

Volvió junto a él y le colocó con cariño la rosa entre sus manos. Se quedó allí junto a él hasta que un río de lágrimas contenidas brotó en sus ojos. Había cumplido su último deseo....... le miró por un instante, dio media vuelta y finalmente le dejó partir.

* Autora : Pili Sanz

El héroe perdedor - Armando Alexandre

El héroe perdedor - Armando Alexandre A solas soy alguien,
entiendo a los otros.
Lo que existe fuera,
dentro de mí doblo.
En la calle, todos
nos sentimos solos,
nos sentimos nadie,
nos sentimos locos

Gabriel Celaya

EL HÉROE PERDEDOR (apuntes)

Estos versos no tienen poema
Este poema no tiene autor
Este autor no tiene quien le lea
estas letras anónimas,
abandonadas en un cajón.

Este diálogo de sordos
Estos sordos que no quieren oír
Este oír y no escuchar
estas palabras bastardas,
que te dicen: hasta nunca jamás.

Este beber en soledad
Esta soledad acompañada de nostalgia
Esta nostalgia que es un trío
de recuerdos, tristeza y vacío,
junto a la barra del bar.

Este llamar a la puerta de los amigos
Estos amigos que son conocidos
Estos conocidos que nunca están
cuando los necesitas,
y cuando te buscan, siempre te encuentran.

Este ir de héroe por la vida
Esta vida que no da tregua ni perdón
Este perdón no es para perdedores,
sólo para vencedores y vencidos,
y tu eres: héroe perdedor.

* Autor : Armando Alexandre

Vuelve Ulises, vuelve - María del Carmen Guzmán

Vuelve Ulises, vuelve - María del Carmen Guzmán Veinte años son demasiados, Ulises, y ya no puedo esperar más. El tiempo va marchitando mi juventud y se me va acabando la paciencia. El mar me trae rumores de tus aventuras por esos mares de los dioses y me cuentan que vives, pero no sé como ni con quién vives.

El tapiz crece de día y mengua de noche, y se burla de los pretendientes como si fueran el ratón y el gato, el Sol y la Luna o dos niños que juegan al escondite, pero esas lanas multicolores están perdiendo su brillo y tersura, como mi pelo. Así que, vuelve pronto, Ulises, que si no regresas de inmediato, tu casa y tu familia se convertirán en ruinas.

Penélope teje y desteje para ahuyentar a esos babosos que pretenden quedarse con ella y tus posesiones, pero durante todos estos veinte años, a pesar de ser tan joven, la he defendido con todas mis fuerzas, pues tuve un buen maestro en ti. Yo te veía salir por esas puertas con tu arco y tus flechas y regresar con un venado, un jabalí, o cuando menos, un par de liebres que eran la gloria de tu familia. Al principio se reían de mí, porque me veían pequeño, pero conforme crecía, me fueron respetando más y más, tanto, que los mantuve a raya, hasta ahora.

Telémaco, tu hijo, hace lo que puede. Trabaja, lleva la contabilidad y cuida de su madre, pero no puede con todo. Y ese es el problema: como no regreses pronto, esto no hay quien lo arregle.
Yo estoy muy viejo, demasiado viejo, Ulises, y si no me he muerto ya es porque sé que de un momento a otro aparecerás triunfante para aplastar a tus enemigos, y cuando me veas echado a la puerta de tu casa, moribundo, yo, Argos, tu perro fiel, moriré feliz mientras me rascas la cabeza.

* Autora : María del Carmen Guzmán

Luz de retirada - Trinidad López

Luz de retirada - Trinidad López Me arrepiento de los días grises

con ojos de luciérnaga inventada.

Me arrepiento de los árboles tristes,

del oscuro sendero que fabrican mis pies

a golpe de huella desterrada.

Me arrepiento de la noche,

fiel conversadora de absurdos amantes.

Me arrepiento de mis manos,

guerreros impulsivos cansados de palpar

sueño.

Me arrepiento de tu boca,

me arrepiento del olvido,

me arrepiento de lo que no me arrepiento,

de las voces que se pierden en mi oído

abrazando la espalda de las cosas.

Pero no me arrepiento, amor, de haberte dado

Tanto.

De amar tanto vacío.



* Autora : Trinidad López.
Este poema forma parte de su libro: "Luz de Retirada"

El estrabismo del Cíclope - Pedro Glup

El estrabismo del Cíclope -  Pedro Glup El Cíclope, en un hábito triste, busca el amor cada mañana sin saber que el amor no se busca, no se inventa, que no ve con ojos de gato, que aparece de pronto como un pájaro ciego, que atraviesa fugaz el alma en una convulsión, que enajena, que viene, que viene.
Para encontrarlo se obstina en mirar alrededor, arriba, gira el cuello en contorsión cómica, se agacha, busca bajo las piedras del estanque, entre las ranas y los barbos de colores, interpreta las húmedas señales del musgo, espanta a las libélulas de día, a los murciélagos de noche.
Su ojo, bailando en estrabismo, le impide ver más allá del acá y no llega, no encuentra el gozo, ni siquiera cuando está sentado en el centro del escenario bajo la luna y observa como fluyen por sus venas los ríos inversos de la memoria.
El Cíclope está pensando en tapiar las ventanas con girasoles, cerrar la cueva del eco, habituarse a la sangre blanca de los delfines, dormir con la cabeza apoyada en el vientre de su caballo, apostarse a la salida de los túneles amarrado a la aguja del reloj, pero las sirenas le gritan que resista, que espere ahí, oculto tras la roca, la que separa lo nuevo de la fantasía. Y aún así.

Ese hombre con un ojo en la frente me mira, pero no sé si me ve.
Sigo la dirección de su mirada, estoy entre él y el infinito.
Hay días que no.
Hoy.
El estrabismo del Cíclope.

* Autor : Pedro Glup - Editor de GluP

Empleos precarios - Sara Coca

Empleos precarios - Sara Coca Él era un personaje de cuento y no lo sabía. Con su maletín atestado de papeles de boletines oficiales y la camisa por fuera de cualquier pantalón, acudía sin diligencia cada tarde a su puesto laboral. Aquello no podía denominarse trabajo. Ni siquiera tenía que cumplir con un horario estricto. Hasta le daba tiempo a comer despacio la sopa de ave y los riñones con salsa en casa de sus padres, donde vivía desde hacía treinta y seis años condenando a sus progenitores.

Después, sin demasiado ímpetu por nada, se subía a su pequeño vehículo falto de extras dignos de mención y cabalgaba por media ciudad hasta llegar a su anodino empleo, aunque aquel mediodía recordó que no había repostado y llegó al aparcamiento con el indicador de gasolina como copiloto. No importaba. Llevaba en el bolsillo tres euros para solventar el problema de la vuelta a casa y en la hora del café –que eran de ochenta minutos- acudió tranquilamente a la estación de servicio más cercana con sus euros en el bolsillo.

En su universo anclado en una nube de hace cincuenta años, no existían los teléfonos móviles ni las tarjetas de crédito. Para él, el mundo no tenía más comodidad que una buena siesta. Un placer que, a pesar de trabajar por la tarde, nunca echó en falta. Nadie se daba cuenta de su ausencia por espacio de dos horas. Después, procuraba pasearse de un lado a otro hasta que lograba escabullirse definitivamente a la hora apropiada.

Sin embargo, Cosme no se sentía a gusto haciendo lo que no hacía y siempre aspiraba a más dinero sin esfuerzo. Se presentó a doscientas cuarenta pruebas en menos de un año y las suspendió todas, pero no desesperó porque tampoco le preocupaban demasiado. Después de todo, tenía que matar el tiempo haciendo algo. Procuraba enderezar su futuro en proyectos de altos vuelos sin tener que agacharse demasiado. En su mundo, lo único realmente necesario, junto con la siesta, era un aparato de radio para seguir de cerca los partidos de fútbol.

Un día que solicitó asuntos propios, se presentó a un puesto de consultor administrativo de escala superior porque se había informado previamente sobre el sueldo base. Llegó repleto de buenas palabras y saludando con su colonia al tribunal. En una sala de juntas con fotos abstractas, respondió a cada una de las preguntas que había leído el día anterior y sorprendió a todos los presentes. No tuvo rivales. Aquel fue su día de acción de gracias.

- Enhorabuena, señor Martínez. Ha superado usted la selección.

Cosme sonrió satisfecho expandiendo sus mofletes y se levantó al momento dando las gracias. Después, más orgulloso de sí mismo que lo habitual, decidió saber la cantidad exacta que percibiría por sus nuevas atribuciones. Sin reparos, acudió a la sección de personal en la última planta del edificio y solicitó conocer el precio exacto de su esfuerzo. Fue allí donde se le cambió la cara. Sin saber cómo ni por qué, en aquel lugar sus retribuciones eran muy inferiores a las de su ocupación actual. Aquello era de nuevo otra forma de empleo precario maquillado con corbata.

Abandonó el edificio sin más dilación y con cierta repugnancia en sus facciones. Por eso nadie pudo acusarlo cuando, horas después, encontraron aquellas pintadas en los pasillos con expresiones despectivas hacia la dirección. Cosme ya estaba en casa de sus padres anudándose la servilleta sobre el cuello para el almuerzo cuando los miembros del tribunal recibieron la renuncia por escrito del opositor.

- ¿Cómo te ha ido la entrevista de hoy? –Preguntó la madre mientras le colocaba el plato de alubias.
- Pues como siempre. Mucho trabajo para poco dinero. – Contestó Cosme con la cuchara en la mano.
- Bueno hijo, no te preocupes. De momento tienes tu trabajo fijo. Si no encuentras nada mejor, pues ahí sigues. ¡No me vayas a caer ahora en una depresión por el dichoso trabajo!
- Tranquila Mamá. – Respondió antes de llevarse la cuchara a la boca.

Mientras tanto, el padre, con el periódico abierto entre sus manos, escuchó atento la conversación y empezó a buscar de nuevo las páginas de empleo del diario. Al fin y al cabo, él era el más interesado en conseguir que el hijo saliera ya de su casa, mientras murmuraba entre dientes que toda su vida sobre un andamio sólo le había valido para terminar apretándose el cinturón a la vejez, con una pensión para tres.

* Autora : Sara Coca
Administradora de "Body & Soul"

Primera vez - Rosario Barros Peña

Primera vez - Rosario Barros Peña El taconeo de sus zapatos en el vestíbulo de mármol le hizo pensar en cubos de hielo tintineando. Una estela de perfume le envolvió, un perfume fresco, de bosque húmedo de nieblas. No era ella. Ella no llevaba zapatos de tacón. Ni usaba perfume. Una vez más, ¿cuántas ya?, no era ella. El taconeo se alejó, se perdió tras la puerta de cristal, pero el sonido cristalino de los cubos de hielo tintineando continuaba en sus oídos, como una música, la música que se había adueñado de su vida y ponía fondo a sus pensamientos desde aquel día, ya lejano, cuando se subió por primera vez a un avión.
Había mirado sus manos d dedos largos que cobijaban el vaso ancho de cristal. Seis o siete cubos de hielo diluyéndose en el whisky. Y los ojos de ella medio ocultos tras los mechones rizados. Y la sonrisa. ¿Se le había borrado en algún momento? ¿Sabes?, había dicho ella. Quisiera inventar un nuevo arco iris, experimentar, hacer un millón de mezclas para alcanzar colores nuevos, capaces de identificar momentos únicos en la vida de las personas. hace unos instantes el whisky tenía un dorado intenso y se deslizaba en cascada sobre los cubos de hielo. El líquido mantenía sus características esenciales y el agua solidificada disfrutaba de su diferencia. Ahora se van integrando ambos cuerpos. El dorado va perdiendo intensidad al dar parte de su color al agua.
La dejaba hablar. El sonido de su voz era como la brisa entre los árboles y el brillo de sus ojos hacía guiños bajo las largas pestañas. Él había apurado su whisky, pero ella seguía contemplando el líquido que reflejaba la luz. Había hecho lo mismo en el almuerzo, cuando permitió que le llenase el vaso de vino rosado y después de acercarlo a los labios carnosos, que dejaron su huella de carmín en el borde, lo contempló largamente, moviéndolo despacio y aspirando su aroma afrutado. Y siempre la sonrisa. Y el brillo de los ojos. Y la voz suave, con un acento que tenía aire musical.
Habían salido de Madrid al amanecer, cuando el pesado aparato hizo añicos la noche y permitió que el sol naciente, que pintaba las sombras con rojos intensos, lo transformara en una estrella en medio del cielo. Ella no lo había mirado. Vuelta hacia la ventanilla parecía absorta en el espectáculo. El cabello castaño enmarcaba el rostro moreno, libre de maquillaje, en el que se notaban algunas arrugas. Vestía una falda larga de un amarillo cálido salpicada de diminutas flores blancas, la camisa era blanca y del color de los girasoles el suéter que anudaba sobre los hombros. Los mocasines en color tostado hacían juego con el bolso.
Dejó de mirarla. Sentía una fuerte opresión en el pecho y la respiración se le hacía cada vez más difícil. Tenía calor, pero un sudor frío humedecía su frente. Parecía que las manos de un gigante oprimían su cabeza y el zumbido, como si un millón de abejas se hubieran adueñado de sus oídos, se hacía cada vez más insoportable. "Hay que cerrar los ojos y respirar lenta y profundamente". Lo había leído en algún sitio, pero no le estaba dando resultado.
¿Se encuentra mal? Una mano tibia y suave sobre las suyas y el sonido de una voz serena, tranquilizadora.
No fue de inmediato, pero su organismo fue serenándose. Abrió los ojos encontrándose con la sonrisa de ella que le hizo olvidar la inmensidad del océano sobre el que volaban. Una sonrisa cálida y confiada. Y sus palabras. ¿Cómo se podía hablar tan sencillamente de una vida tan intensa? Acudía a un Congreso de Psicología a Nueva York, "¿sabes lo maravilloso que es abrir ventanas de luz en las mentes bloqueadas por las frustraciones, la inseguridad o la depresión?" Hablaba de sus padres, "siempre trabajando para darnos una educación a mi hermano y a mí", de su sobrina, "arrasará, tiene solo cinco años y la mirada más decidida que conozco". Él apenas habló. No le contó que era Ingeniero en una Refinería de Petróleo, y odiaba el nombramiento de Director porque el cargo le obligaba a viajar. No le habó de que hubiera preferido ser médico, pero que en su ciudad no había Facultad de Medicina y sus padres no tenían medios para enviarlo a otra Universidad. Ni le hizo partícipe de su timidez, de su miedo al ridículo, de sus repetidos fracasos en el terreno de las emociones. No le habló de su soledad, ni de sus sueños de tener una familia con muchos niños.
Llevaban volando muchas horas.
Ella seguía hablando de colores. "Se suele decir que las montañas son pardas, los prados verdes y las tierras ocres, ¡Qué simplificación! ¿Cuántos matices hay en cada color? ¿Cómo ves tú el mar? ¿Es azul, verde, plomizo, turquí, quizás?, ¿Lo ves del mismo tono que lo veo yo?.
La voz de la azafata, impersonal, con cierto tono metálico, hablaba de la temperatura, la humedad del aire, los minutos que faltaban para que el avión tomara tierra. ¿Ya?. Él se estremeció. Volvió de nuevo la angustia, la opresión en el pecho y el sudor frío, pero no quiso cerrar los ojos.
Ella miraba por la ventanilla. Se volvió de pronto ¿no es una maravilla?. Todo el dorado del whisky se había refugiado bajo sus pestañas. Se estaba despidiendo. "En el viaje de vuelta ya no tendrás miedo. ¿No ha sido una iniciación perfecta?". "Adorarás los aviones, como yo, ¡son tan rápidos!. A mi madre le pasa lo mismo. En cuanto llegue a la terminal la llamo por teléfono y ya puede dormir tranquila. Ahora allí se están acostando, ¿verdad?". Le puso una mano sobre el hombro y se empinó sobre los pies para besar su mejilla. ¿Llegó a besarlo? Diría que el aletear de una mariposa rozó su barba. La dejó pasar. Cogió su maletín y el abrigo y la buscó en la fila. Tenía que preguntarle el nombre, el teléfono, tenía que verla en tierra y contarle. Vio su suéter amarillo bajando la escalerilla del avión, después le pareció un pájaro exótico al fondo del autobús que los llevó a la terminal y más tarde distinguió su sonrisa al otro lado de la cinta transportadora de los equipajes. Quiso correr, para rodearla con sus brazos, para protegerla, para decirle que la había estado buscando desde niño y para pedirle que le quisiera, que le quisiera ya porque la vida es muy corta y la felicidad es como un tibio rayo de sol que se filtra un instante entre los oscuros nubarrones del cotidiano vivir, pero en aquel momento alguien intentó alcanzar su maleta. Asió con fuerza el maletín, porque ya conocía los viejos trucos, y colocó su otra mano sobre el asa robusta que olía a cuero recién estrenado. Pensó que había ganado la primera batalla de la guerra de peligros de que le habían prevenido. Luego, la buscó a ella, pero el suéter amarillo había desaparecido.

* Autora : Rosario Barros"

Dentro del corazón del pintor - Diego De Luca

Dentro del corazón del pintor - Diego De Luca Amor. Estoy creciendo... Estoy conociendo algunas miserias humanas, en mí, en gente amada, en gente que admiro... Eso me hace sufrir un poco querida.

Este artista se encuentra a veces con un mundo real que el inocentemente creyó que desaparecería si se vendaba los ojos... Este pintor está aprendiendo que no sólo debe armarse de un pincel, espátulas y óleos... que aunque su trinchera es el Arte, el Amor. Su lucha va más allá, su corazón no le permite ver la injusticia y quedarse tranquilo, su corazón hace un reclamo tan fuerte que nada será como era, si no nos involucramos. Tengo un país en donde los chicos se mueren de hambre y a la gente le han metido el miedo hasta los huesos. Varias generaciones se formaron creyendo que cada uno debe salvarse a si mismo y así está mi patria.

Este pintor querida, quiere llegar hasta el corazón de su pueblo, porque cree que el arte no es sólo para algunos.

Y en estos días difíciles míos sos un buen descanso amor, sos la dueña de toda la belleza!

Hoy mi atención se centra en vos desde el comienzo del día y allí se queda hasta el final. Hoy puedo sonreír en la mañana, cuando tus pies despiertan a los míos... extrañarte al mediodía, sufrir tu ausencia a media tarde y soñar despierto el momento de encontrarnos temprano en la noche.

Cuando siento esto... ni mi corazón me pertenece... ya no tengo palabras, ya las he dicho todas. Sólo queda verme con tus caderas, para usarlas de almohada, para descansar y soñar.

* Autor : Diego De Luca
Visita su página web - http://www.diegodeluca.com.ar/

Aprendiendo - Soledad Felloza

Aprendiendo - Soledad Felloza Después de un tiempo, uno aprende la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma, y uno aprende que el amor no significa acostarse y una compañía no significa seguridad, y uno empieza a aprender...

Que los besos no son contratos y los regalos no son promesas, y uno empieza a aceptar sus derrotas con la cabeza alta y los ojos abiertos, y uno aprende a construir todos sus caminos en el hoy, porque el terreno de mañana es demasiado inseguro para planes... y los futuros tienen una forma de caerse en la mitad.

Y después de un tiempo uno aprende que si es demasiado, hasta el calor del sol quema. Así que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar a que alguien le traiga flores.

Y uno aprende que realmente puede aguantar, que uno realmente es fuerte, que uno realmente vale, y uno aprende y aprende... y con cada día uno aprende.

Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.

Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.

Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás no deseando volver a verla.

Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.

Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes.

Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy
probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.

Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día llorarás por aquellos que dejaste ir.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser
humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios
multiplicados al cuadrado.

Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana es demasiado incierto para hacer planes.

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado,
añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo.

Con el tiempo aprenderás a perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo.

* Autora : Soledad Felloza

Mi vida paralela - Esther Genovés Placed

Mi vida paralela - Esther Genovés Placed Todos buscamos en el significado de los sueños nuestro futuro. Al despertar, siempre nos preguntamos: ¿qué me está anunciando este sueño? Y nos resignamos a nuestro destino "porque está escrito en él". Yo no. A mí siempre me ha gustado ir "a contracorriente" y no cruzarme de brazos; porque yo soy la única que puede manejar mi futuro y elegir mi destino. Por eso, quizá, para mí son tan importantes.
Suelo tener bonitos sueños y espantosas pesadillas y son precisamente estas últimas las que siempre me dan la clave, no para adivinar mi futuro, sino para comprender mi presente.
Mis pesadillas son recurrentes y se entrecruzan, relacionándose entre sí. Además, tienen algo en común: Me enseñan mi cara oculta o, por lo menos, la que puedo llegar a esconder.
El hecho de que se repitan, quizá signifique algo, no lo sé; pero sé lo que no significa: Que por soñarlas debo resignarme "a lo que venga".
Nunca he tenido el típico sueño de ir a coger un tren y perderlo justo en el instante en que parece que se va a alcanzar; yo soy más original...En mi sueño ya estoy en el tren e intento bajar inútilmente de él; pero, ¿quien es el loco que se arroja de un tren en marcha con la esperanza de salir indemne? Es de noche y la oscuridad del exterior aumenta la angustia de no encontrar la forma de frenar un tren que circula a una velocidad endiablada.
Otras veces soy yo quien conduce, tomo el mando de mi vida. Viajo en mi coche y debo subir un puente con una pendiente muy pronunciada y, tras éste, viene otro más alto aún, y otro aún mayor... No tengo miedo a subir; ni tampoco a bajar. Lo que me aterroriza es caer al vacío desde lo más alto en el breve instante entre el ascenso y el descenso.
En ocasiones, un sueño, una pesadilla, marca toda mi vida y es tan vívido que me aterra y me hace daño:
Estoy en un disco-bar que en ese momento tiene pocos clientes. He bebido bastante, algo inusual en mí, y mi estado es bastante cercano a la embriaguez. El local está en penumbra y entre las sombras surge una persona, con la que no me hablo desde hace mucho tiempo, y empieza a insultarme y a reírse de mí hasta hacerme enfadar. Entonces lo cojo y comienzo a golpear fuertemente su cabeza contra la pared.
Despierto asustada cuando gruesas gotas de sangre empiezan a salpicarme la ropa.
¿Me está diciendo este sueño que soy un monstruo o puedo llegar a serlo? No. Lo que soy o pueda ser sólo depende de mí; pero todavía me pregunto si fue una fatal coincidencia que mi víctima muriera años después en un accidente de tráfico.
En algunas ocasiones asisto en mis pesadillas a un asesinato. Veo la cara de la víctima, pero la del asesino se mantiene en sombras, entonces temo ser yo; pero no, no sería capaz...
Cuando despierto tengo miedo de que mi pesadilla le haya sucedido realmente alguien en algún lugar del mundo y me siento cómplice por haber estado allí.
Los sueños juegan con nuestras emociones, con nuestros miedos. Nos desnudan por dentro...
Tejen a nuestro alrededor una vida paralela, no menos real que nuestra vida consciente, que nos enseña a
dominar nuestro destino; no el que el azar nos depara, sino el que, con rebeldía, forjamos nosotros mismos.

* Autora : Esther Genovés Placed
Fotografía : "Mae West" (1935) Salvador Dalí

Pajaros prohibidos - Narrado por Soledad Felloza

Pajaros prohibidos - Narrado por Soledad Felloza "Pajaros prohibidos" es un cuento del escritor Eduardo Galeano, escúchalo ahora narrado por la cuentera Soledad Felloza.

ESCUCHAR "PAJAROS PROHIBIDOS"

No quiero - Luís Tamargo

No quiero - Luís Tamargo Que no!, que
no la quiero pisar.
No quiero pisar la hierba.
Aunque no tiene dueño
me oye, escucha y me siente.
Suya es la aurora y el atardecer.
Y en su recorrido,
miles de veinticuatro horas
se suceden cada minuto.
Que no le pongan cercas
ni muros ni estacas, que
no tienen amo las fronteras.
Déjame acariciarla,
deja que me acaricie, que
no quiero pisar la yerba.

* Autor: Luís Tamargo

Nocturno - Carmen Quirós

Nocturno - Carmen Quirós Vibraba con la pasión desbocada que encadenaba al amante. La ciñó
con firmeza a sus emociones y ella respondió entregada al destino
que la había hecho nacer.

Él proyectó sobre ella cada una de las pasiones que ha inspirado una
mujer desde la noche de los tiempos. Ella le devolvió el alma de la
mujer salvaje: todas sus sensaciones, anhelos y pasiones, en estado
puro, batiendo indomables cuerpo a cuerpo, mano a mano.

Y en el cuerpo de los amantes se convirtió en un torrente: fuego que
abrasa el aire, choque violento del cielo con el infierno
fundiéndolos en un acorde capaz de trasportarles más allá de las
estrellas. Noches de entrañas bullentes, nutridas por las pasiones
de los días encelados.

Vida que muere y retorna para volver a morir; cuerpos enlazados que
se aíslan en el núcleo de su piel y trenzan su danza hasta alcanzar
la línea entre la vida y la muerte en esa tensión extrema,
enloquecida, donde cristaliza la amenaza que alcanza el alma: un
gran estallido que sacudirá los cimientos del universo de piel y
sangre desbocada y lo hará volar en pedazos.

Tras la apoteosis un reflujo lento, dulce, impregnado de ternura,
paz, bienestar surcando los cuerpos en un colofón perfecto. Una
cascada mimosa que remansa en caricias de alas de mariposa, en risas
de cristal satisfechas, en besos recién inventados que se suceden
creyendo que nunca terminará el momento; pero también encuentran su final.

La última nota, el último beso del amante, se perdió en el aire
perfumado de la noche del verano que muere sobre los tejados del
Albaicín. La guitarra dejó de ser mujer entre los brazos del
maestro. La noche recuperó sus sonidos esperando que volviera a
llenarla de magia, pasión y anhelo, antes que muera el verano.

* Autora : Carmen Quirós (Darane) - Grupo editorial Aunque nadie nos lea