
Yo estaba en el manicomio arreglando unas lámparas. De pronto me di cuenta de que uno de los internados era un antiguo compañero mío, un electricita estupendo con barba y dos hijos. Con un nudo en la garganta le pregunté: "¿Cómo estás aquí?", y él me respondió: "Un día se me cruzaron los cables".
* Autor:
Pedro Casariego Córdoba
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