Hilando pensamientos tras una dura lucha interior, hablando a mi sombra de odios absurdos, leyendo en tu mirada cielos de hambre y sueño...
¿Cómo será tu infierno?
Y cuando entierras una amistad ¿huele entonces a muerto? ¿a ola que destroza corazones contra las peñas? ¿a sangre que busca ríos que nunca llegan? ¿a nada?...
¿A qué huelen las nubes?
Las nubes blancas huelen a infantiles sueños.
Las grises a recuerdos de viejo.
Las rojas a crepúsculo enamorado.
Las negras a tormenta de incomprensión, odio y celos.
La niebla a encendidos amores de invierno.
Y las gotas de rocío a mañanas nuevas dónde escribir la historia de nuevo.
Y todo depende del viento. Cartero que acerca noticias de lejos.
Vientos suaves que llenan los rostros de besos.
Vientos fuertes que empujan apremios.
Vientos huracanados que tocan a muerto.
Suaves brisas que restañan heridas de ayer.
Y el soplo de tus labios junto a mi cuello...
En la ausencia,
ausencia que huele a muérdago en verano, a sandalias en invierno, a claveles en otoño, a nieve de primavera, a dolor y lágrimas en la noche, y, de día, a resignación, a desesperanza y a miedo.
¿A qué huele la simpatía?
La simpatía huele a miel y canela, a brasas encendidas en invierno, a fotografía de niños sonrientes, a caramelo, a la caricia del viento, a una mano que se posa
...
(continúa)